Descontaminar las elecciones de octubre

Por: Juan Carlos López Castrillón

Las personas hacen política para intentar influir en las decisiones que
toman los gobernantes y la sociedad. Ello implica que sus protagonistas tengan
que asumir una posición ideológica sobre los temas fundamentales de un país
como Colombia.

Entre esos asuntos se destacan: el modelo económico, los acuerdos de
paz, la defensa del medio ambiente y los animales, la estructura de la
seguridad social y la salud, la financiación y tendencia filosófica de la
educación, la justicia, cómo se combate la pobreza y se construye desarrollo.

Así las cosas, es legítimo que los líderes nacionales de los partidos y
movimientos que existen en esta nación vayan a intentar influir en las
elecciones regionales del mes de octubre de este año, es un asunto de
representación y poder.

También es entendible que los dirigentes departamentales hagan lo
propio, pues dependiendo de cómo queden repartidas las gobernaciones y
alcaldías tendrán o no una cuota inicial de la reelección para dentro de tres
años.

Pero hoy más que nunca es necesario que en cada región esa elección se
haga de la forma más independiente posible y sin dejarse afectar por los
intereses de orden nacional.

Escribo estas reflexiones para aventurar una conclusión, basada en los
hechos de los recientes años, en el sentido que no creo que el respaldo de los
dos grandes protagonistas que hoy tiene la política nacional, los senadores
Álvaro Uribe y Gustavo Petro – con contadas excepciones – vayan a ser
determinantes en las elecciones de alcaldes y gobernadores.

Un buen ejemplo de lo anterior fueron las elecciones de hace cuatro años
en Bogotá y las ciudades grandes y medianas, en donde la gente escogió con un
alto grado de independencia de las señales de apoyo que a determinados
candidatos les dieron los dirigentes nacionales y regionales.

De otro lado, y entendiendo que estamos viviendo una nueva fase de la
polarización que ha dividido a Colombia en los últimos tiempos; primero
alrededor del proceso de paz del presidente Santos y ahora entre Uribistas y
Petristas, no sería nada bueno para la democracia local que ese enfrentamiento
se atice en los municipios y ahonde las divisiones que ya existen.

En la práctica, convertir octubre en una tercera vuelta presidencial le
convendría a esas dos fuerzas que he señalado, pero para nada le vendría bien
al país.

Sería contaminar más la elección local y desviar el debate de los temas
puntuales que en cada sitio se deben abocar, como en nuestro caso el uso y
ejecución de las regalías y el porcentaje de cumplimiento de los planes de
desarrollo aprobados para estos mandatos que terminan.

Obviamente la discusión sobre los presuntos actos de corrupción de los
actuales mandatarios y candidatos va a tener una gran influencia y lo ideal es
que la fiscalía y los entes de control produzcan decisiones prontas sobre todo
lo está en curso de investigación.

Ahora, hay que tener presente que la gente ya no traga entero y realiza
por su cuenta un castigo político en las urnas, aunque en muchas ocasiones
existan absoluciones y preclusiones de por medio.

Pero el debate debe ir más allá y es sobre la visión de ciudades y
regiones que se debe plantear y ahí – con todo respeto – entre menos
interfieran los dirigentes nacionales será más saludable esa discusión, y en la
medida en que sean buenos candidatos mucho menos requerirán de ese tipo de
apadrinamientos.

Históricamente sucede que al final llegarán dos o tres con más opción
que el resto y ello generará un cierto tipo de polarización local, pero es
preferible mil veces que se dé sobre las propuestas del futuro del municipio o
el departamento, que sobre la discusión temprana de quién puede llegar a ser el
presidente en el 2022.

Posdata: al desearles a todos mis lectores
un feliz y saludable año, los invito a efectuar un ejercicio de
descontaminación de la política, en los términos que he expuesto, mirando menos
el guiño de los presidenciables y más hacia nuestros problemas. Eso puede
resultar siendo más benéfico de lo que creemos para la sociedad civil que luego
de votar sólo le puede reclamar a quién está sentado en las alcaldías o
gobernaciones.

¡Tu opinión es importante!