Alcaldía y ciudadanía.


CARLOS E. CAÑAR SARRIA
carlosecanar@hotmail.com

Siempre hemos pensado que las administraciones locales resultan más interesantes que las regionales. Desde las administraciones departamentales es poco lo que se puede hacer por los municipios. Así muchas veces se pretenda el afianzamiento de relaciones entre los dos tipos de administraciones, a los alcaldes les compete hacer sus propias gestiones en todos los niveles y ante todas las instancias; gestiones y acciones que puedan traducirse en el mejoramiento de las condiciones de vida de la gente que representan. Ello indiscutiblemente requiere compromiso social y liderazgos.
Las democracias modernas exigen mayor grado de aproximación entre los gobernantes y las comunidades. Aproximación que permite que en vivo y en directo se puedan exponer y tramitar los problemas de la población. Es conveniente que las administraciones locales presenten informes periódicos sobre los alcances y limitaciones de los encuentros con la ciudadanía. Lo expuesto, discutido y convenido en las reuniones; encuentros que suelen tener olor a democracia participativa pero que es poco lo que en concreto se conoce o se puede mostrar, Si las alcaldías no tienen la precaución de emitir estos informes, lo que se siente es un desgaste tanto para las administraciones locales como para las comunidades. Informes que deben ser constatados por habitantes y ciudadanos y obviamente, por la opinión pública. Dar la cara en las comunas o en los escenarios populares es importante, pero todo no se puede limitar a ello. Hay que resolver las problemáticas y en lo posible comprometer a las comunidades.
El papel de los concejos municipales puede resultar valioso a la hora de la defensa de intereses colectivos y para ello es indispensable, además del compromiso social, el conocimiento profundo del sentido de ciudad y sus problemáticas. Esto los haría menos susceptibles a improvisaciones que abundan por todo lado. Hay concejos municipales que no se sienten en las localidades. Si se sintieran, en muchos municipios no aprobarían a ojo cerrado todo lo que les antoja a los alcaldes, tramitarían problemas citadinos y ejercerían mejor control político.
En Colombia no faltan alcaldes y concejales que demuestran un total desconocimiento de la administración pública; carencias que repercuten negativamente en la sociedad y que se superan con estudio y compromiso. De ahí las múltiples inconsistencias en que incurren con frecuencia. No basta prepararse para ganar las elecciones sino que es necesario estar preparados para gobernar, ejercer control político y velar por los intereses ciudadanos.
Son grandes los retos de los alcaldes en materia de saneamiento básico, servicios públicos, vivienda, salud, educación, trabajo, espacio público, movilidad, cultura ciudadana, etc. Los alcaldes solos, poco pueden hacer, es necesaria la integración consciente de las comunidades y de las demás instancias de poder político y económico. Hay gente que reclama obras y cuando los alcaldes las emprenden se pone brava porque no tiene paciencia para soportar las incomodidades que toda obra de infraestructura acarrea. Obras de importancia presuponen incomodidades. Como sucede con quienes reconstruyen o modifican sus viviendas. Deben estar dispuestos a afrontar la serie de incomodidades e imprevistos, de lo contrario las cosas seguirán igual o peor.
No hay que olvidar que a toda obra de importancia no le faltan enemigos y detractores. Surgen muchos críticos pero no proponen nada. Ni hacen ni dejan hacer. Es difícil tener contento a todo el mundo y los alcaldes deben saberlo de antemano para evitar desanimarse. Lo que no se puede obviar, es que las obras deben realizarse en un tiempo necesario prudencial y convenido, de lo contrario- insistimos- las comunidades se desesperan. En muchas ciudades del país son comunes las obras inconclusas, lo cual no demuestra más que incompetencia, falta de sentido social y desidia administrativa.
Los aciertos y desaciertos de los alcaldes dependen mucho de los equipos de gobierno que les acompaña. En muchas municipalidades estos cargos se dan con criterios políticos y no meritocráticos. Los directorios políticos se imponen ante la autonomía de los mandatarios locales. Frente a problemas y circunstancias difíciles se constata la soledad de los alcaldes por la incompetencia de sus ‘colaboradores’; estas situaciones serían coyunturas valiosas para hacer los ajustes pertinentes. Pero no. Algunos alcaldes anuncian cambios en los equipos de gobierno pero es muy poco lo que se cambia. Mientras el descontento social se acrecienta, en la misma proporción decae la legitimidad de los mandatarios. En muchas ocasiones hay que gobernar de cara a la ciudadanía y no atenerse mucho a las encuestas, independientemente de los resultados favorables o no a los mandatarios. Las evidencias son las mejores encuestas. Sin participación ciudadana las administraciones locales se hacen insípidas. Es necesario generar liderazgos. Cuando hay liderazgos tanto en los mandatarios como en las comunidades se esperan buenos resultados. El problema es cuando hay un líder pero le hace falta pueblo; o cuando hay pueblo pero le hace falta un líder.

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