Alguien falta en el banquillo.

Por: JAIME BONILLA MEDINA –
jaboneme@hotmail.com

-Cuando Alois Alzheimer, médico alemán, describió el mal bautizado con su nombre como una afección devastadora de la memoria; nunca imaginó que, un siglo después en Colombia, a raíz de unos acuerdos de paz, aparecieran tantas personas con la enfermedad.

Para comprender la metáfora, traemos una sinopsis histórica sobre el nacimiento de la insurrección armada en Colombia: todo se remonta a los conflictos agrarios entre 1920-1940 donde el acceso a la tierra, los jornales de miseria y el robo de las cosechas por los terratenientes, despertaron el descontento en el área rural. El incremento del yugo y el autoritarismo sobre el campesinado, de parte de los hacendados durante el gobierno de Olaya Herrera, motivaron las primeras protestas populares, organizadas por las llamadas ligas y autodefensas campesinas, con el apoyo del Partido Comunista y la Unión de Izquierda Revolucionaria (UNIR), corriente progresista fundada por Jorge Eliécer Gaitán. La llegada al poder del liberalismo (1938) asegura la lucha de los agricultores con López Pumarejo, quien abandona sus ideas reformistas en el segundo mandato (1942), pierde popularidad y, acusado de corrupción, renuncia.

El liberalismo, dividido, ve impertérrito la aspiración presidencial de Gaitán respaldada por amplios sectores populares. El Partido Conservador postula a Mariano Ospina Pérez, quien finalmente, triunfa (1946). Gaitán asume la jefatura del partido, gana las elecciones parlamentarias y, con un programa de sentidas trasformaciones sociales, describe una carrera inatajable a la presidencia. Entre Ospina Pérez, el precandidato Laureano Gómez y reconocidos gamonales abren una campaña de desprestigio al líder liberal tildándolo de ideólogo comunista. Jefes militares y algunos gobernadores fundan, simultáneamente, la tenebrosa Policía Política (Popol) y cuadrillas clandestinas de sicarios (“Chulavitas”, “Pájaros”), encargadas de aniquilar las fuerzas liberales, sindicales, estudiantiles y periodísticas. Son los tiempos de la denominada “Violencia” (1946-1958). Gaitán es asesinado en abril/1948, magnicidio aún en la impunidad, con fuerte sospecha de la CIA norteamericana en complicidad con la oligarquía criolla de entonces.

¿Qué siguió? El desplazamiento masivo de campesinos quienes formaron núcleos de resistencia armada, liberales y socialistas, semilleros de las ulteriores Farc-Ep y otras agrupaciones subversivas. La dictadura de Rojas Pinilla y la amnistía a la cual solo se acogió el alzamiento liberal. El comienzo del Frente Nacional: sucesión de los partidos tradicionales en el poder. La creación de fuerzas paramilitares, arrasadores de todo pensamiento de izquierda como la extinción de la Unión Patriótica. J.M.Santos, el actual proceso de paz con las Farc-Ep y el incipiente acuerdo con el Eln.

¿Fue primero el huevo o la gallina? No existe disyuntiva: un Estado perverso quebrantó la concordia y originó el movimiento guerrillero. No pretendemos defender la causa insurgente, pues ellos deben responder por los crímenes en que degeneró su ideología (secuestro, extorsión, narcotráfico). Tratamos de aclarar la visión parcializada y amnésica que tienen muchos del conflicto:
Despejemos la memoria para identificar a las Farc, no como el único monstruo responsable de todos los males en Colombia, sino la consecuencia del marginamiento ocasionado por una élite corrupta que ostentó y sigue ostentando el poder en nuestra patria. Situemos a todos los protagonistas en el mismo plano sanguinario y delictivo, y no en la función de acusadores unos y victimarios otros. Rememoremos con el fin de terminar la polarización y consolidar la paz justa y duradera, donde gobernantes y rebeldes pidan perdón al país, vayan al banquillo de los acusados, incompleto hasta el momento, y paguen sus ignominias.

Al ajustar el retrovisor de la historia seremos capaces de conducir equilibrados, sortear los obstáculos del odio, surcar caminos de conciliación y llegar a la meta del beneficio común y el desarrollo, así algunos pasajeros piensen diferente.

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