Cadena perpetua vs castración química


Pro: JAIME BONILLA MEDINA –
jaboneme@hotmail.com –

El horrendo crimen cometido por Adolfo Arrieta en Fundación (Magdalena) cuando Génesis Rúa, una escolar de 9 años, fue violentada sexualmente, luego asfixiada y su cadáver incinerado; ha despertado masivas protestas, incluyendo la exigencia del endurecimiento de las penas para los pederastas. Este año, entre enero y agosto, hubo 5 mil casos más de abuso sexual, en comparación con igual lapso del 2017.

Es un hecho que el gobierno, vía legislativa, tratará de implementar la cadena perpetua para los violadores de menores, de la mano con la castración química, acción consistente en la administración de una inyección intramuscular de medroxiprogesterona trimestral, hormona sintética capaz de bloquear el deseo sexual y la producción de espermatozoides.
Sin ser profesional del derecho, pero si conocedor de los planteamientos de expertos sobre el asunto, resumo aquí el debate surgido alrededor de las medidas judiciales mencionadas. ¿Estos castigos podrán espantar a los violadores de niños?

Para los constitucionalistas la idea es difícil de instituir, pues la Carta misma impide la cadena perpetua, requiriéndose una reforma a su articulado. Además, violaría algunos de los convenios internacionales de los cuales Colombia forma parte, y se tendrían que construir nuevas cárceles para este tipo de internos.
Otros opinan que, el problema no requiere solo reformas constitucionales o leyes: “Los temas de impunidad no se resuelven con cadena perpetua, se resuelven mejorando la inoperancia de la justicia. Que sea mucho más efectiva en investigar y castigar la violencia sexual en mujeres y niños… donde la impunidad supera el 90%.” Con las penas vigentes, un abusador de menores podría tener una condena de hasta 60 años, casi un encierro de por vida.
“Hay una tendencia a criminalizar todo y convertirlo en delito, con la consecuente superpoblación de las cárceles. Se cree que aumentar los años de privación de la libertad, va a disuadir a los delincuentes. Las penas altas no asustan a los criminales”.
Sin embargo, algunos sicólogos y sociólogos consideran que la cadena perpetua es efectiva:” La resocialización para los violadores no es posible, pues estas personas son sociópatas con un trastorno de personalidad de difícil erradicación. Una reclusión para toda la vida impediría que, algunos de estos criminales, tengan la posibilidad de acceder a nuevas víctimas al lograr la liberación.”

Las penas consideradas altas, los delincuentes y sus abogados logran aminorarlas en gran porcentaje, mediante beneficios concedidos por ley. Además, es raro que un juez asigne la máxima condena. A la mayoría de los violadores de niños les imponen sanciones de menos de 20 años de prisión.
La castración química, para muchos, no es factible. Sería el complemento para el convicto que ya purgó la punición, pero requiere del seguimiento médicoasistencial al ser un tratamiento de por vida, supervisado y con efectos reversibles al suspenderse la rutina terapéutica.

En nuestra opinión, la medida iría en contravía a la esencia humana de la pena, que busca la resocialización del individuo y no el castigo. La recuperación es posible para todo tipo de delincuentes, pero el problema radica en las penitenciarías que no están adecuadas para esta redención, al contrario, lo conseguido es el perfeccionamiento criminal de los forajidos tras las rejas. Mejorar esta falla sería un objetivo trascendental.
Un punto poco aludido es la intervención, a manera de prevención, de la descomposición palpable en los hogares colombianos. Las cifras de Medicina Legal reportan que los familiares son los responsables del 46% de la violencia infantil. Promover políticas públicas (salud mental, educación sexual, terapia psíquica, escuela de padres, etc.) que permitan intervenir las familias disfuncionales, y las violencias existentes en estos espacios, sería una loable tarea.

No nos cansaremos de pregonar que los menores están hechos para ser educados en el amplio sentido del término, no para ser explotados, ni mucho menos para ser abusados.

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