Ciudad y política.

CARLOS E. CAÑAR SARRIA
carlosecanar@hotmail.com
La ciudad es el escenario donde el hombre realiza su historia. El sitio donde se socializan los diferentes tipos de valores; la casa del hombre como la denominaban los griegos en la Antigüedad.
La organización en polis, pequeñas ciudades-estados en la Grecia clásica, hizo de los ciudadanos actores importantes en la construcción de su propio destino. Dentro de los principales aportes de los griegos a la humanidad está la construcción de ciudadanía. Por primera vez en la historia aparece el ciudadano con sentido de pertenencia a su ciudad, con derechos, obligaciones y responsabilidades. Los niños y jóvenes eran preparados para ser útiles a su comunidad; disfrutaban una educación que incluía buenos modales y buena conducta. La participación polìtica en asambleas y consejos o asociaciones permitía elegir, desempeñar cargos, luchar por la defensa de la ciudad. La ciudad griega era una comunidad ética y polìtica que los ciudadanos mantenían con celo y con orgullo. Organización digna de imitar en los tiempos modernos.
En las sociedades modernas, teóricamente la estrecha relación entre polìtica y ciudad hace de la ciudad una comunidad política cuyos principales actores son los ciudadanos que se expresan y se miden en la participación. Sin polìtica no se puede organizar ni administrar la ciudad. La ciudadanía tiene la potestad de ser orientadora, insinuadora, veedora, fiscalizadora y ejecutora de políticas urbanas. Si bien la ciudadanía no ejerce efectivamente el poder, tiene la potestad de legitimar o no a quienes gobiernan. Por lo tanto, los gobiernos locales deben orientarse en correspondencia con lo que quiere la gente; de ello depende el respaldo ciudadano a los programas y proyectos y el grado de aceptación y de legitimidad de quienes detentan el poder.
Los valores y prioridades de una comunidad, resultan de la confrontación y del debate permanente de intereses y expectativas de la población. La relación Estado-sociedad es eminentemente conflictiva y es sobre el conflicto como deben surgir las soluciones a los problemas.
En Colombia, en no pocas ciudades las decisiones sobre su futuro son asumidas generalmente por los alcaldes y los concejos municipales; decisiones que en muchos casos se dan a espaldas y en contra de lo que quieren los ciudadanos. Se excluyen importantes sectores de la sociedad, como por ejemplo, a promotores y gestores de proyectos urbanísticos, juntas de acción comunal, organizaciones cívicas y barriales, dueños y usuarios de establecimientos públicos, intelectuales, periodistas, académicos, etc. Es decir, se menosprecia todo un potencial de intereses, opiniones y soluciones, lo cual hacen más lentas o estériles las administraciones locales.
Las ciudades colombianas, de por sí densas y populosas, conllevan problemáticas que exigen participación ciudadana y para ello debe educarse a una población generalmente apática a la polìtica, pero también se debe dar oportunidades en la toma de decisiones públicas a todos aquellos que quieran y puedan hacerlo.

Muchos gobiernos locales resultan molestos y monótonos para la ciudadanía. No se evidencian cambios favorables para la población por ningún lado; sus acciones en favor de lo público son tan imperceptibles que dan ganas de bostezar y de llorar. No faltan alcaldes que terminan sus periodos de gobierno más con pena que con gloria.
Las principales problemáticas en lugar de disminuir acrecientan y todo sigue igual o peor. Se inician obras y nunca terminan; se inauguran otras y pronto las desbaratan, lo que demuestra improvisación, mala fe o cualquier otro vicio, pero en ninguna parte resalta el interés público. Desarrollo urbano sin estética y administración pública sin ética explican muchas cosas que a la ciudadanía desconcierta o poco entiende.
Coletilla 1. Se acerca la temporada de fin y comienzo de año, época propicia para todo tipo de balances. Las administraciones regionales y locales no serán la excepción. Coincide la temporada con el primer año de gestión y de gobierno. En el caso del Cauca y Popayán hay expectativas por los informes de las respectivas administraciones, con base en ellos constatar lo evidente de parte de la ciudadanía y de la opinión pública.
Coletilla 2. Que un concejal de Popayán esté utilizando maquinaria de la administración municipal en trabajos para lotes privados es algo muy grave, en caso de ser ciertas las denuncias. Esperar las investigaciones que no sólo involucran al concejal sino que deben incomodar a la administración municipal. Desconocemos al respecto cuáles son los pronunciamientos del propio concejal y del gobierno local. A ningún ciudadano o funcionario, se le puede culpar de algún delito hasta que se demuestre su responsabilidad. Los órganos de control y los investigadores a ejercer su labor. El flagelo de la corrupción debe desterrarse de la administración pública. Se contrapone a los lineamientos filosóficos del buen gobierno. Las acciones de los gobiernos y de quienes ejercen control político, además de ser publicitadas deben ser transparentes, de lo contrario, estamos perdidos.

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