Colombia: país protestante


Por: CARLOS E. CAÑAR SARRIA –
carlosecanar@hotmail.com
– Como las causas perduran, los problemas se mantienen. Por eso continúan paros, marchas, movilizaciones, bloqueos de vías mediante los cuales diferentes sectores sociales muestran el inconformismo con un estado de cosas y situaciones en la lucha por el reconocimiento de los pueblos. Y es que una sociedad desigual y excluyente como la nuestra abona terreno para todo tipo de protestas e inconformidades. No debiera ser pero lo es y esto es evidente.

No obstante los siglos de historia republicana, los colombianos aún no tenemos claro un proyecto de país, de regiones y de ciudades y por ello no nos hemos podido consolidar como Nación. Encontramos una sociedad completamente polarizada que en no pocas ocasiones genera miedo. No vislumbramos un Plan Nacional de Desarrollo incluyente que llene las expectativas de la mayoría de los colombianos. El desarrollo socioeconómico ha sido desigual. Ya vamos para un siglo hablando de una Reforma Agraria y los problemas del campo no se resuelven. Los gobiernos de turno caracterizados más por promesas que por soluciones. El Legislativo incapaz de generar leyes útiles y convenientes para la sociedad.

Hace más de un año el paro agrario se prolongó por varios días hasta lograr unos acuerdos entre el Gobierno y la Cumbre Agraria, Étnica, Campesina y Popular. Como toda protesta de esta índole, las consecuencias de orden socioeconómico no se hicieron esperar en toda la geografía nacional. Sobre todo, las consecuencias de bloqueo de carreteras que paralizan la movilidad. Personas muertas en hechos relacionados con la protesta, varios heridos, la afectación de pacientes que requieren suministros médicos en los hospitales, como es el caso de Popayán y el Cauca, por bloqueos de la carretera panamericana; expendios de gasolina cerrados y en algunos supermercados escasean los productos, etc.

En el momento de escribir estas líneas, hay posibilidades de un acuerdo entre la Minga Indígena y el Gobierno y ya hay optimismo ante un desbloqueo inminente de la panamericana. Las motivaciones y circunstancias entre el paro agrario del año pasado y el actual de la Minga Indígena son similares. No es menester exigir la materialización de unos derechos vulnerando otros, así existan razones legítimas de exigencia de los protestantes. Lo cual indica una búsqueda diferente a este tipo de protestas para dirimir los conflictos.

El reconocimiento de la existencia de los conflictos hace necesaria la tramitación pacífica de los mismos, la recurrencia al diálogo, a las negociaciones, a los acuerdos y a que se cumpla lo pactado. Las vías de hecho y de fuerza se contraponen a la razón de ser del manejo o tramitación de los movimientos sociales; lo que hace necesaria la sensatez, la prudencia y la actitud conciliadora de las partes.

Pedro Santana en su libro “Los movimientos sociales en Colombia” indica: “…los movimientos sociales han establecido una relación crítica con el Estado, del que reclaman satisfacción de una serie de necesidades. Pero también con los partidos y movimientos políticos que mantienen un pie en la sociedad civil y el otro pie en el Estado. Es decir, buscan consenso en sectores de la sociedad civil, en sus propuestas de organización de la sociedad y en la solución de problemas…” Los movimientos sociales están dotados de una naturaleza civilista, pacífica, descentralizada y autónoma. Con actitud tolerante y pluralista en una nación reconocida pluriétnica y multicultural, los movimientos sociales resultan reconfortables ante el estado de violencia generalizada que vive el país.

Sobre los paros agrarios e indigenistas en el Cauca, es reiterativa la queja sobre la falta de liderazgo de la clase política regional, cuyos congresistas sólo se dejan ver las caras en los procesos electorales pero nada más. Ante circunstancias como la actual, se demanda la presencia viva de los congresistas en bancada en los escenarios regionales para que actúen como mediadores en la solución de la difícil problemática regional, que mantiene al departamento como uno de los más rezagados en desarrollo humano a nivel nacional, lo que convierte a la región en caldo de cultivo para que se proliferen una serie de conflictos que hacen cada vez más tensa la relación entre Estado y sociedad. El Congresista Oscar Ospina, ya a punto de otra nueva negociación entre Gobierno y la Minga Indígena, se pronunció con una desabrida carta al Presidente que la hizo conocer en las redes sociales; como si con cartitas se fuese a resolver la difícil problemática y con ello demostrar el liderazgo inexistente de los congresistas regionales.

En el manejo de los conflictos sociales, hay que comenzar por la protección del derecho a la vida, hacer realidad los derechos sociales y económicos y generar en los ámbitos públicos y privados una pedagogía por la tolerancia y la convivencia pacífica. Estado, movimientos sociales y partidos políticos, gremios de la producción y la misma sociedad civil pueden unidos minimizar los males que tiene Colombia.

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