Crisis de valores y pedagogía para la paz.

CARLOS E. CAÑAR SARRIA
carlosecanar@hotmail.com
Es indudable el hecho de que Colombia viene atravesando por una gran crisis de valores. Los resultados del plebiscito del pasado 2 de octubre lo constata aún más. Es ininteligible que un país como el nuestro, agobiado por una guerra de más de cinco décadas, decida decirle No a una paz estable y duradera. Algo asombroso porque los resultados coinciden con la tesis del filósofo colombiano, Estanislao Zuleta, en el sentido de que “un pueblo que no está maduro para el conflicto, no está maduro para la paz”. Si hubiese ganado el Si en las condiciones que ganó el No, estaríamos pensando lo mismo, toda vez que lo que teníamos preconcebido el 90% de los columnistas colombianos era que el triunfo del Sí sería rotundo. Pero no fue así.
Muchos atribuimos este resultado inconcebible a la falta de cultura política de los colombianos, que desconociendo la real dimensión del acuerdo de paz, se dejaron manipular por quienes indecorosamente se valieron de una sarta de mentiras que hicieron mucho daño a una democracia débil y en construcción como la nuestra.
Democracia es el amor a la verdad, si no hay verdad no hay democracia. En las redes sociales se difundieron comentarios referentes a atribuir la ignorancia como causa de los resultados del plebiscito, sobre todo endilgando este término, no sólo a quienes apoyaron el No, sino también a quienes se abstuvieron de votar. No pocos entendieron el término ignorancia como algo peyorativo, pero la verdad, no es para tanto.
Si recordamos, Sócrates, el connotado filósofo griego, a pesar de haber sido reconocido como el más sabio entre todos los sabios, tuvo la humildad de reconocer que “sólo sé que nada sé”. Y entonces, en este caso, la falta de cultura política sí es ignorancia y por ello no nos podemos sentir ofendidos. Debemos ser más contundentes en reconocer las ignorancias ajenas y en el mismo sentido, contundentes y humildes con las propias.
Sócrates, relaciona la ignorancia con la maldad. Afirma que el hombre es malo porque no se le ha enseñado a ser bueno. Por lo tanto, la ciencia y el conocimiento deben servir para hacernos mejores seres humanos. Valores como la verdad, la virtud, la justicia, la solidaridad y el amor deben estar inevitablemente encaminados a construir el nuevo país que la gran mayoría de compatriotas soñamos y necesitamos. Buena parte del capital humano está en nuestras ciudades, pero infortunadamente se desperdicia por la indiferencia del Estado, de las familias y de la sociedad en general.
La educación es una de las actividades fundamentales en las sociedades modernas. De ella deriva el ser humano la prolongación de su existencia individual y colectiva. La educación es el proceso mediante el cual una sociedad trasmite sus tradiciones, valores, costumbres, técnicas y los elementos básicos de lo que constituye su nacionalidad. A los gobiernos les compete la delicada tarea de educar a los futuros ciudadanos. Una sociedad feliz no puede edificarse en un ambiente de desconsideración, desprecio e irrespeto al otro. Vale la pena preguntarnos: ¿En Colombia estamos educando para la solidaridad, para la paz, para la justicia, para la felicidad colectiva? ¿O simplemente estamos educando para ganar el propio sustento, olvidándonos del compromiso y la responsabilidad que tenemos frente a la sociedad?
No se puede circunscribir la educación al aprendizaje de técnicas y habilidades para el enriquecimiento de unos pocos en detrimento de intereses colectivos. Ciencia y tecnología resultan incoherentes ante la pobreza extrema y la violencia generalizada. Un Estado que no se preocupe por universalizar el derecho a la educación es un Estado torpe. Los procesos de privatización de la educación, resultan funestos en aras de consolidación de una sociedad democrática. Un Estado solidario y justo produce y reproduce ciudadanos solidarios.
El Libertador Simón Bolívar es enfático al afirmar que sólo la educación nos hará libres. Pensamos que de todos los valores humanos, el de la libertad es el más fundamental. Si el hombre no es capaz de asumir conscientemente sus propias decisiones, si es manipulado, no es libre. Locke y Rousseau, padres del liberalismo clásico lo argumentan.
Educar y formar hombres libres, seguros y autónomos, con sentido social; cohesionados por valores tales como la solidaridad, la tolerancia, la justicia, el respeto por las diferencias, la libre crítica, etc. posibilitaría una sociedad menos traumática, más solidaria y obviamente con mayor apego a la paz y a la vida. Los buenos gobernantes no descuidan la formación humanística, pues en las humanidades está la esperanza de la humanidad. Menospreciarlas, abona terreno a nuestras miserias y tragedias. Gobernantes y líderes sin formación o sin pasión humanística pueden convertirse en obstáculos en procura de una ética para la paz y la vida. Los colombianos requieren con urgencia una pedagogía para la paz. La actual polarización de la sociedad así lo demanda.

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