De campañas y otros asuntos


Por: CARLOS E. CAÑAR SARRIA –
carlosecanar@hotmail.com

-Tendremos que repetir otra vez la tesis del filósofo colombiano, Estanislao Zuleta en el sentido de que un pueblo que no está maduro para el conflicto no estará maduro para la paz. Como estaba anunciado la campaña por la presidencia de Colombia no pinta nada fácil; algunos candidatos no miden los medios utilizados o a utilizar porque lo que importa es el fin, que no es otra cosa que lograr o rescatar el poder a cualquier precio. La calumnia, la mentira, la amenaza, el agravio y el insulto, entre otras modalidades, están cogiendo fuerza. Como si no hubieran sido suficientes casi seis décadas de intolerancia y de violencia; como si los muertos aportados por la guerra fueran poca cosa, como si las grandes pérdidas a la economía nacional fueran fácilmente recuperables.

Mientras los colombianos no asimilemos la política como la tramitación política de los conflictos, como la posibilidad de confrontar ideas, difícilmente construiremos o reconstruiremos tan anhelada y esquiva cultura de la paz. Si estamos hablando de una verdadera democracia, ésta tiene que ser inspirada en la verdad. Lo contrario, envilece no sólo el régimen sino también el sistema político. Con la pérdida del plebiscito inspirada en la mentira, el resultado aterró al mundo civilizado porque nadie podía entender cómo un país sui generis como el nuestro, considerado el más violento del mundo, le dijera no a la paz. Es por eso, que la verdad es la virtud que debe brillar en los procesos electorales del presente año.

Todas las vertientes políticas deberían hacer proselitismo en condiciones de igualdad y de tranquilidad, donde el debate de ideas, programas e imaginarios sea lo característico y no el odio, la ofensa, la exclusión, el apabullamiento y en casos extremos, la aniquilación del otro. El Estado debe garantizar a todos los candidatos condiciones de seguridad, porque no hacerlo conculcaría uno de los principios básicos de la democracia. Por eso Montesquieu define la democracia como el amor a la igualdad.

Al partido de las Farc no se le ha permitido actuar en algunas regiones como Armenia y Cali, con insultos, huevos y piedras han recibido a Timochenko y sus seguidores, lo que ha llevado a este movimiento político suspender la campaña mientras exigen mayores garantías y hacen los replanteamientos que consideren pertinentes. La lógica es que es preferible ver a la guerrilla reinsertada discutiendo ideas que echando bala. No votaremos por el candidato de las Farc como seguramente no lo hará una gran mayoría de compatriotas, pero hay que dejarlo exponer su discurso, que lo escuche quien quiera, está amparado por la legalidad, por eso está en campaña. Nos llamó la atención un mensaje difundido ampliamente en Facebook: “Las Farc dejaron sus armas. Nosotros dejemos el odio. Bienvenida la palabra”.

De otro lado, a Petro se le viene descalificando con el sonado y desabrido discurso de que va implementar el castrochaviismo si gana la presidencia. Constitucionalmente nuestro régimen político es la democracia y no puede existir otro. El sistema económico adoptado es el capitalismo. Tanto el régimen político como el sistema económico defienden la propiedad privada, por lo tanto, la hipotética expropiación de la propiedad no es más que una farsa, que en lugar de hacerle daño a la campaña de Petro, le está haciendo bien, como lo dicen las encuestas, pues mientras los otros candidatos se desdibujan, Petro avanza sustancialmente.

La paz es un derecho y un deber constitucional, los colombianos no podemos involucionar a aciagos periodos de nuestra historia republicana, de guerra a muerte entre liberales y conservadores. La violencia como opción política no puede repetirse en una democracia en construcción como la nuestra. Es necesario desarmar los espíritus del odio y los deseos de venganza. A quienes han sufrido en carne propia la violencia es comprensible que les es difícil olvidar y perdonar pero hay que proponerse a hacerlo si es que en realidad anhelamos un nuevo país erigido en la paz y la concordia. Es prudente recalcar en la tesis del filósofo inglés Hobbes, en el sentido de que después de un pacto de paz, en cuestión de deseos de venganzas, es conveniente que los hombres deben pensar en la grandeza del bien venidero y no en la magnitud del mal pasado.

Coletilla: Queremos escuchar verdaderos programas y unas propuestas interesantes y realizables de parte de quienes andan en campaña en el departamento del Cauca. Todos repiten el mismo discurso en el que coinciden, alguna excepción habrá, pero lo que se siente y lo que se percibe es que viene más de lo mismo mientras nuestro departamento se subsume entre la pobreza, la indigencia y el marginamiento estatal. Algunos parlamentarios dejan ver sus caras en épocas electorales, después desaparecen y luego reaparecen sin haber hecho nada y como si nada.

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