De la naturaleza de la política.

CARLOS E. CAÑAR SARRIA –
carlosecanar@hotmail.com –
Los sistemas y regímenes políticos modernos giran en torno a la conquista, ejercicio y mantenimiento del poder público. Esto exige relaciones sociales entre actores que hacen parte directa del campo político y entre éstos y el conjunto de la sociedad. En estas relaciones es donde operan la política y lo político. La política entendida como el conjunto de relaciones y prácticas sociales dirigidas a conquistar, ejercer y mantener el poder. A lo político corresponden las mediciones, los logros e imposibilidades del ejercicio del poder político, es decir, las consecuencias o efectos del poder en la comunidad. Es aquí donde se experimenta o no lo público.
Mediante el análisis político se piensa el Estado y la sociedad; conlleva la importancia de recurrir a la observación empírica, por ejemplo, a las encuestas y entrevistas, que no obstante tener ciertas actitudes de manipulación, permiten servir como termómetros en circunstancias especiales, como los procesos electorales en las democracias modernas o para conocer el grado de legitimidad de gobernantes y políticos en el desempeño de sus roles y funciones.
Los estudiosos de la ciencia política coincidimos en afirmar que la naturaleza del poder sólo se puede concebir mediante la relación entre violencia y consenso. El poder no es otra cosa que el dominio de unos sobre otros; unos imponen su voluntad y otros obedecen. La verdadera esencia del poder está en la fuerza y la violencia, afirman varios tratadistas. Por muy legítimos que sean, por más aceptación, por más consenso que posean quienes ejercen el poder, no les faltarán oportunidades de recurrencia a la fuerza y a la violencia. Bertrand Jouvenel, entre los autores modernos de corte conservador, enfatiza que por una parte está el consenso y la legitimidad y por otra, la fuerza, pero en últimas, es la fuerza la que está primero y posteriormente llega la legitimidad y el consenso.
El sociólogo Max Weber estipula tres tipos de poder. El primero es el poder tradicional, basado en las tradiciones de la comunidad y su vigencia; el segundo, el poder carismático, fundamentado en los atributos sobresalientes del líder y, tercero, el poder legal, basado en el respeto y vigencia de las leyes. Para Weber, de estas tres formas históricas de legitimidad, el poder legal representa la modernidad política. Y en este sentido, hace coincidir la legalidad con la legitimidad. Sin embargo, pensamos que la legalidad y la legitimidad no son categorías equivalentes, pues no toda legitimidad es legal ni toda legalidad es legítima.
Un Congreso, por ejemplo, puede ser legal pero no legítimo. La legitimidad se mide no en el número de votos logrados en los procesos electorales sino en la capacidad de gestión y de acción de los congresistas. Si un país mayoritariamente está satisfecho con el Congreso que posee, indudablemente es legítimo. De lo contrario sólo puede ser legal y en el peor de los casos, ni lo uno ni lo otro, como en el caso colombiano.
Política e intereses es lo que indica el espectro político en todas partes. En esto la condición humana es algo que deja muchas incertidumbres y sinsabores. Maquiavelo, el padre de la ciencia política moderna, se refiere en términos desobligantes sobre la condición humana: “voluble, interesada, ansiosa de ganancias, hipócrita, disimulada”, etc. Quienes han atravesado por los avatares de la política han podido constatar la estrecha relación entre el poder y la soledad. Cierto es que la mayor parte del tiempo la gente está más preocupada por las recompensas que por los sacrificios. Los deseos y necesidades deben estar en continua correspondencia. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en muchas ocasiones y circunstancias concretas, tanto gobernantes como gobernados pueden desear lo que no necesitan o necesitar lo que no desean.
Muy difícil resulta evidenciar respaldos incondicionales por parte de gobernados y obras desinteresadas por parte de gobernantes. Kant, no cree en acciones humanas desinteresadas. Esto se presenta pocas veces. Es así que, por ejemplo, el tendero que se preocupa por vender productos de buena calidad y a buen precio, no es porque en sí le interese el bienestar de los demás, sino que al hacerlo, gana más clientela y mayores y mejores ganancias. El político que ejecuta acciones en beneficio de las comunidades que dice representar, no es que le interese prioritariamente la sociedad, sino que se busca a sí mismo, toda vez que lo que aspira en esencia es tener activo su capital político para futuras aspiraciones.
La naturaleza de la política jamás estará exenta de dificultades, sin que ello signifique desconocer que pueden existir logros y satisfacciones. Sin embargo, contrario a lo que no pocos equivocadamente piensan, en el ejercicio del poder no todo es color de rosa, por ello hay que estar preparados para los momentos difíciles que nunca escasean.

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