De la profesión médica y el futuro de la salud.

medicos y la salud
CARLOS E. CAÑAR SARRIA
carlosecanar@hotmail.com
La situación de muchos profesionales colombianos que después de haber estudiado con mucho esfuerzo y sacrificio, que se encuentran obstaculizados ante la posibilidad de conseguir trabajo o empleo que les permita vivir en condiciones de dignidad se contrapone a la legítima aspiración de los profesionales dentro de la lucha por el reconocimiento del ser humano. La verdad es que son ejércitos de profesionales desocupados o mal remunerados los que abundan en este país de falta de oportunidades, situación injusta desde los diferentes enfoques en que se analice la problemática.
Con casi todos los programas académicos universitarios sucede lo mismo, algunos más que otros. A manera de ejemplo, refirámonos a los médicos. La Ley 100 del 93 subestimó, proletarizó y pauperizó a estos profesionales de la salud, ya que es común que quienes logran alguna vinculación, no se sientan bien remunerados al ser tratados como mercancías. Hemos escuchado frecuentes quejas sobre la mala remuneración que perciben los médicos en manos de las empresas prestadoras de este servicio vital, lo mismo con respeto a los pagos nada oportunos y cuando se trata del reclamo de sus prestaciones sociales. Una situación que se podría pensar que es referente de alguna ciudad determinada es el reflejo de lo que experimentan de manera cotidiana cientos de profesionales de la medicina en todo el país.
Lo cual se contrapone- reiteramos- a los largos años de esfuerzo y de estudio realizado por unos seres humanos, de quienes depende en parte o en mucho, nada menos que el derecho fundamental a la vida. No nos digamos mentiras, pero el Estado y la sociedad les pagan muy mal a los médicos. Y entonces, vale la pena preguntarnos: ¿Es atractivo y rentable el estudio de la medicina? ¿Aconsejaría usted a un hijo estudiar esta profesión? Un gran número de médicos están motivados por su vocación de servicio pero los médicos en sí, no son cuerpos gloriosos y aspiran como en otras actividades la consecución de unas condiciones materiales acordes con la dignidad de las personas.
Siempre hemos sentido una profunda admiración por el humano ejercicio de la ciencia médica. La Medicina representa no sólo un reto a la enfermedad sino también al dolor, al sufrimiento y a la muerte misma. Por eso la actividad médica debe entenderse a la vez como un remedio, una esperanza, una prolongación de la existencia humana. El éxito o fracaso de la acción médica depende de no pocos factores y circunstancias. De un conjunto de disponibilidades: la del médico para tratar al paciente, la voluntad del enfermo para curarse, además de todos aquellos medios y elementos esenciales en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades. Los incentivos económicos tampoco pueden pasar desapercibidos por las razones ya expuestas.
Como en casi todas las profesiones u oficios, existen médicos excelentes, buenos, regulares y malos. Es la capacidad de servicio de los médicos y médicas, lo que hace realmente meritoria su profesión, no importa que fracasen después de agotar todos los medios que dispongan. El médico es un recurso, una esperanza y una posibilidad de bienestar y vida. A los buenos médicos les caracteriza una continua aproximación humana con los pacientes, éstos son su razón de ser. Son sensibles ante el dolor ajeno y en todas sus decisiones y acciones antepone la ética como guía y compañera.
Sobran argumentos para destacar el papel fundamental de los médicos en la sociedad, sin embargo, es triste reconocer que merecen mejor trato por parte del Estado y de la misma sociedad. Muchos médicos y médicas, después de tantos años de estudio y sacrificio, no ven compensados sus esfuerzos al sentirse víctimas del desempleo o subempleo, de la explotación de las empresas prestadoras del “servicio” de salud, de las legislaciones ajustadas al modelo neoliberal. Contratos a término fijo, aumento de la cantidad de pacientes, lo que en últimas repercute en la inadecuada atención a los usuarios.
Es preciso resaltar que la mencionada situación socioeconómica de los profesionales de la medicina en ningún sentido dan argumentos para justificar el hecho de que algunos se comporten hostiles, egoístas, distantes y de mala voluntad con los pacientes. Y que de pronto se muestren más preocupados por el lucro personal que por la salud de los enfermos.
Pero en general, la situación de los médicos es un asunto sistemático; por eso para subsanarla hay que empezar por reformar ese engendro de la Ley 100, ante lo cual poco se ha avanzado. Para casi nadie es un secreto que la salud es uno de los sistemas más cuestionados y críticos del país; lo mismo resulta necesario reconocer que una de las profesiones que más requieren la atención del Estado, es precisamente la medicina.
Coletilla: Deseamos a nuestros amables y pacientes lectores miles de bendiciones y una Feliz Navidad.

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