De la profesión médica.


CARLOS E. CAÑAR SARRIA
carlosecanar@hotmail.com

Siempre hemos sentido una profunda admiración por el humano ejercicio de la ciencia médica. La Medicina representa no sólo un reto a la enfermedad sino también al dolor, al sufrimiento y a la muerte. Por eso la actividad médica debe entenderse a la vez como un remedio, una esperanza, una cura, la prolongación de la existencia humana.
El éxito o fracaso de la acción médica depende de no pocos factores y circunstancias. De un conjunto de disponibilidades: la del médico para tratar al paciente, la voluntad del enfermo para curarse, la voluntad divina, además de todos aquellos medios y elementos esenciales en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades.
Como en todas las profesiones u oficios, existen médicos excelentes, buenos, regulares y malos. Es la capacidad de servicio de los médicos lo que hace realmente meritoria su profesión, no importa que fracasen-como suele suceder- después de agotar todos los medios que dispongan. Hay que reconocerlo, el médico es un recurso, una esperanza y una posibilidad de bienestar y vida. Un médico verdaderamente comprometido con la sociedad le caracteriza una continua aproximación humana con los pacientes, éstos son su razón de ser. Es sensible frente al dolor ajeno y en todas sus decisiones y acciones antepone la ética como guía y compañera.
Desafortunadamente hay médicos, que al olvidar su propia condición humana, se comportan hostiles, egoístas, distantes y arrogantes con los enfermos. Se creen dioses sobre la Tierra y su solo aspecto produce temor y desconfianza. Este tipo de “profesionales” hacen quedar muy mal a la Medicina. Algunos más preocupados por el lucro personal que por la salud de los pacientes. Esto no significa que deben ser cuerpos gloriosos, pues requieren asegurar unas condiciones materiales que respondan a una existencia en condiciones de dignidad.
Si hay profesión que exige la recurrencia permanente a la ética es la de la medicina. Es aquí donde la vigencia del juramento hipocrático se hace necesaria, particularmente los preceptos que tratan de la inspiración en el bien de los enfermos para el tratamiento de las enfermedades, no administrar abortivos a las mujeres, no realizar actos libidinosos con mujeres o con hombres, etc.
A este tipo de profesionales, es necesario recordarles el juramento de Maimónides, sobre todo para mantener presente en el ejercicio de su difícil labor la sencillez, la mesura, la prudencia y la bondad: “Que yo sea moderado en todo, excepto en el conocimiento del arte; que con respecto a él sea yo insaciable, que siempre quede alejada de mí la idea de saberlo todo y de conocerlo todo; concédeme fuerzas, tiempo, oportunidad y ocasión para rectificar siempre los conocimientos adquiridos…¡Dios de bondad! Me has elegido para velar sobre la vida y la muerte de las criaturas; heme aquí que me dispongo a mi vocación”.
Es fundamental el papel de los médicos en la sociedad, sin embargo, no podemos negar que el Estado y la sociedad los tratan como profesionales de tercera. Son muchas las penurias y dificultades que tienen que afrontar los médicos en el ejercicio cotidiano de su profesión. Desde unos salarios de miseria, el pago siempre atrasado de los mismos, acoso de los patronos por la formulación de drogas, por el número de pacientes a atender; la inestabilidad laboral, medios logísticos inadecuados para atender oportuna y debidamente a los pacientes.
La mayoría de los médicos son personas abnegadas y responsables. Por ello pensamos que los médicos requieren un trato acorde a la dignidad que se merecen. No se compensa en absoluto, que los médicos después de varios años de estudio y sacrificio, no vean correspondidos sus esfuerzos al sentirse víctimas del desempleo, el subempleo; el aumento de la cantidad de pacientes, de la explotación de las empresas prestadoras del “servicio” de salud, de la Ley 100 de 1993 que acoge el modelo neoliberal, sistema no sólo injusto, sino también perverso. Legislación que no ha podido ser reformada, que atenta contra la salud y la vida de los colombianos y ante la cual los médicos no pueden hacer nada a pesar de que cuentan con médicos congresistas.
Coletilla: En Coomeva ponen trabas para la entrega de medicamentos, sobre todo aquellos formulados por fuera del pos. Les dicen a los pacientes que hay que someter la fórmula a consideración de una junta; que regresen por la orden dentro de nueve días, después que vuelvan dentro de otros nueve y después otra vez lo mismo, aburriendo a los pacientes y obligándoles a comprar las drogas. Conozco a una paciente que después de dos meses de tenerla en ese trote, exigió una explicación y le contestaron que la médica especialista debía agregarle una palabra a la fórmula porque como estaba escrito el medicamento no tenía código en el sistema. Le sugerimos quejarse a la Superintendencia de Salud.

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