De la temperatura política

Pro: CARLOS E. CAÑAR SARRIA –
carlsecanar@hotmail.com –

Avanzan las campañas políticas tanto para las elecciones legislativas de marzo próximo como para las presidenciales en mayo. La arena política está caliente sobre todo para las presidenciales. Para en Congreso después de las respectivas inscripciones no se puede espera muchos cambios; si los potenciales electores o abren bien los ojos y logren decidirse por los más capaces, los más comprometidos socialmente, los más honestos, tendremos más de lo mismo. En un país como el nuestro donde la corrupción campea por todo lado, tanto que en la actualidad es el problema más grande de la sociedad colombiana, el discurso más usado por todos los candidatos es el de la anticorrupción en una demostración inescrupulosa de cinismo, pues los más corruptos abanderan el lema anticorrupción. Seudo partidos como Cambio Radical, el Centro Democrático y otros, andan proclamando ser los portadores de la moral pública, cuando tanto escándalo les tiene en dificultades legales a miembros de esas colectividades. Hay que escuchar por ejemplo a Vargas Lleras y al “monje medieval”, Alejandro Ordoñez, este último, a diferencia del primero, en ciertas regiones no ha podido hacer uso de la plaza pública, porque nadie lo quiere ver y escuchar. Como sucedió en Popayán-según lo registraron las redes sociales-la reunión se hizo en la casa de uno de los decadentes del partido azul, también de corte medieval y ajeno a la modernidad. Ordoñez no tiene la más mínima opción de suceder a Santos.

Vargas Lleras viene recibiendo respaldo en la plaza pública, como en las concentraciones políticas en Cali y en otras regiones. El candidato del coscorrón avanza pero no supera a Petro quien cada día se aproxima como un huracán hacia la Casa de Nariño. Mientras Petro avanza vertiginosamente, los demás candidatos, incluyendo a Vargas Lleras y a Fajardo, se desdibujan. De ahí que sus detractores- ante el temor de que gane- no pierden la ocasión de vilipendiarlo con una serie de improperios en su desesperado intento de obstaculizarle el triunfo electoral. Petro dice que a sus detractores hay que tratarlos con amor, pues cansado debe esta este país de tanto odio. Las estrategias contra Petro producen los efectos contrarios. Multitudinarias las manifestaciones de respaldo en todas las plazas públicas donde llega, en la costa norte le denominan el ciclón de la costa.

Se dice que Vargas Lleras está haciendo politiquería con las viviendas gratuitas, política pública del actual gobierno, lo mismo con obras de infraestructura vial, donde no ha faltado puente desmoronado. Hacer politiquería con obras de fuerte impacto social en provecho electorero es populismo barato. El líder populista recurre al pueblo, a los sectores más deprimidos de la sociedad a hacer regalos para en el futuro utilizar a esa población tradicionalmente excluida a que le respalden electoralmente. No faltan quienes tildan a Petro de populista ante sus propuestas de economía social, como si populismo fuera acercar la economía a toda la sociedad, gratuidad educativa, salud pública, poner a trabajar el campo, etc. En ciencia política, el populismo es una patología de la democracia, pues convierte atenida la gente y genera más pobreza; pero si están entendiendo por populismo lo que propone Petro, entonces bienvenido el populismo.
Que Petro se ha convertido en un fenómeno político, es cierto. Las multitudinarias concentraciones políticas y la subida en las encuestas, así lo notifican. Múltiples razones pueden explicar este fenómeno. La gente ya está cansada de aguantarse siempre los mismos en el poder sin evidenciar cambios sustanciales en sus condiciones de vida; la gente está harta de tanto privilegio y de tanta corrupción al ver cómo se roban los recursos públicos; la gente está hastiada de pagar impuestos y de un sistema de salud no sólo injusto sino también perverso. En Petro ven la esperanza, la renovación y el cambio.

Sin embargo, hay que tener presente que la política es coyuntural y en Colombia, con mayor razón; evoluciona de acuerdo al devenir de los acontecimientos. Nada hay en concreto hasta el día de las elecciones cuando se conozcan los resultados electorales; sin embargo, si las cosas como van no varían, indudablemente Petro sería el sucesor de Santos.

Petro, no obstante los altos índices de favorabilidad, sigue en campaña sin argumentos triunfalistas, es consciente que le toca continuar trabajando de manera dura y difícil en el convencimiento de gran parte de la sociedad colombiana y en especial, de aquellos que están en capacidad de elegir; por eso aspira ser respaldado contundente y efectivamente el día de las elecciones. Lo del castro chavismo es una falacia. Colombia a pesar de contar con un sistema político presidencial, no le permite al presidente ponerse por encima de la Constitución y de las leyes. El régimen político democrático concibe ideológicamente la separación de poderes, lo cual invalida el ejercicio del poder absoluto.

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