De Marquetalia a La Habana.

Por: Hermes Ferney Ángel Palomino –
Cuando Guillermo León Valencia desencadenó la guerra contra los campesinos de Marquetalia nadie se imaginó que un puñado de cuarenta y dos labriegos comandados por Ciro Trujillo, Pedro Antonio Marín (Manuel Marulanda Vélez, Tirofijo), Joselo, Rigoberto Lozada, Carmelo López y el converso Cartagena, se enfrentarían a un ejército de centenares de soldados al mando del teniente coronel Matallana, y que solamente tendrían dos bajas ya en la retirada, gracias a la versatilidad y al conocimiento del área, mientras que en el ejército serían considerables. Este fue el inicio de una guerra que parece agonizar, enhorabuena.
Son innumerables los actos de los rebeldes que han ocasionado muerte, dolor y tristeza, para que al fin de cuentas ninguno de los bandos tuviera el poderío para derrotar militarmente al otro. Muchos son los enemigos de las FARC que sufrieron en carne propia sus actos, pero muchos otros solamente han observado la guerra por televisión. Pero ¿son las FARC las propiciadoras de la guerra? O más bien, son una consecuencia indeseable de la imposición de un régimen oprobioso.
Nuestras élites se han empecinado –no sin éxito- en culpar a la guerrilla de todos los males que aquejan a Colombia, pero esos señalamientos desconocen las causas estructurales que ocasionaron el conflicto, desconocen la historia antes del surgimiento de las FARC y pretenden el sesgo que posibilita la perpetuación en el poder de los verdaderos causantes de esta gran tragedia.
Desde sus inicios en Marquetalia, El Pato, Guayabero, Riochiquito, pasando por casa verde, Uribe y San Vicente del Caguán hasta llegar a La Habana se ha escrito una historia de horror que debe desaparecer, aún no ha cesado la horrible noche pero ya parece clarear y a esa utopía debemos aferrarnos, hoy debemos celebrar alborozados que semejante irracionalidad esté llegando a su fin.
Pero eso que llamamos paz es mucho más etéreo de lo que parece, pues no se trata solamente de la ausencia de guerra, sino de que estén dadas todas las condiciones para acercarnos a la justicia, pues de lo contrario la paz sería imperfecta e indeseable, pues lo que se pretende establecer es una paz con injusticia, en la cual el pueblo sufra calladamente los atropellos del sistema.
Por tanto, este escenario de armisticio debemos conservarlo a toda costa sin dejarnos engañar por intereses oscuros que pretenden eternizar el odio y la guerra, para continuar favoreciendo los mezquinos intereses de unos pocos.

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