Del nuevo acuerdo.


CARLOS E. CAÑAR SARRIA
carlosecanar@hotmail.com
La firma del acuerdo de paz definitivo entre el Gobierno y las Farc la semana pasada en la capital de la República, que próximamente será refrendado por el Congreso, es una demostración que sí se puede insistir en el propósito nacional de convivencia civilizada entre los colombianos y que la paz no tiene reversa en este país. Queda pendiente la refrendación para que comience la implementación de lo acordado.
La verdad es que no era prudente dilatar más el acuerdo definitivo porque la situación de incertidumbre y de tensión que generó el triunfo antiético del plebiscito, en que el No se impuso con base en la artimaña y la mentira, hacía endeble lo que hasta el momento se había adelantado y concretado. El gobierno y el país no podían continuar desgastándose esperando el visto bueno de quienes no están interesados en la paz. Como bien lo afirmó el presidente Santos, el nuevo acuerdo, no deja a todo el mundo satisfecho pero “así sucede con todos los acuerdos de paz. Siempre habrá voces críticas. Es comprensible y respetable”.
No causó extrañeza la actitud de los detractores del proceso de paz, opositores tanto del acuerdo anterior como del nuevo, quienes siguen poniendo una serie de obstáculos lo pactado, con el argumento de que el nuevo acuerdo quedó igual al anterior, lo que ha llevado a sectores de opinión, pensar que lo que ha demostrado el Centro Democrático es que no le interesa la paz porque precisamente el uribismo se quedaría sin argumento para enfilarse a las elecciones presidenciales del 2018. Al respecto, por ejemplo, el columnista Ramiro Bejarano Guzmán, anota: “No puede ser mayor la irresponsabilidad de los partidarios del No, atravesados como mulas muertas a cuanto acuerdo logren Gobierno y Farc. Andan convencidos y pregonando que como no se desató inmediatamente la guerra que muchos temían ante el triunfo del No, entonces ellos tienen licencia para continuar poniendo en riesgo los atisbos de paz que ya empezamos a acariciar. Quienes aseguran que perdido el plebiscito aquí no pasó nada, no les han importado los primeros muertos luego del cese bilateral del fuego y de hostilidades, porque como la guerra la están peleando lejos de sus comodidades y además la están enfrentando hombres y mujeres humildes y no propiamente ellos, pues que se maten y acaben entre todos”.
Ante la insatisfacción de Centro Democrático por el nuevo acuerdo y frente la eventualidad de ser refrendado por el Congreso, este partido está proponiendo la revocatoria del Congreso del cual hacen parte, bajo el argumento de que “éste no representa la voluntad ciudadana, la cual se expresó en el plebiscito a favor del No a los acuerdos de la Habana”. Como si el país estuviera en condición para unas nuevas elecciones que validen un tema que ya está tratado suficientemente, cuando el verdadero objetivo de este partido es el que ya se sabe.
De otro lado, el vicepresidente Germán Vargas Lleras no se ha salvado de las críticas que le llueven de todo lado, por su actitud ambigua ante el proceso de paz y por sus posturas contradictorias con el gobierno del cual hace parte; brilló por su ausencia en la firma de los dos acuerdos, poniendo en evidencia su acostumbrado oportunismo y sus aspiraciones presidenciales en actitud mezquina ante la paz. Vargas Lleras, está demostrando que no es la persona indicada para ejercer la vicepresidencia, ni para suceder al Presidente, porque se ha mantenido incoherente al proceso de paz y porque dada la coyuntura histórica, ha demostrado que no está maduro para el conflicto, mucho menos para la paz y para el postconflicto.
Después de más de cinco décadas en que la constante ha sido la guerra y la barbarie, es deber de todos los colombianos facilitar y despejar los caminos que hagan posible la inclusión económica y la apertura política, sin lo cual no será posible la democratización de nuestra sociedad. Reiteradamente, el presidente Santos ha sido enfático en manifestar que los acuerdos-como se puede constatar- en ningún sentido ponen en riesgo el sistema económico y por ende, la propiedad privada; y por lo tanto el discurso de denominado castro chavismo se queda sin razones para tener vigencia.
Llegó la hora de la paz, debemos mirar con optimismo el futuro del país y aunque para muchos no sea tarea fácil, es necesario dejar de mirar el mal pasado en vista del bien venidero. Todos debemos darnos la oportunidad de la paz, la única empresa rentable en un mundo moderno y civilizado. La paz es un derecho y un deber constitucional que debe mantenerse como imperativo.
A muchos nos hubiera gustado el triunfo contundente del Sí en el plebiscito, pero no fue así. El nuevo acuerdo es la salida del fracaso, debemos acogerlo con optimismo.