Doce uvas para el 2018.


Por: JAIME BONILLA MEDINA –
jaboneme@hotmail.com

-A la media noche del 31 de diciembre, por cada uno de los 12 campanazos, una uva y un deseo, que aspiramos se cumplan en el trascurso del nuevo año:

1. En lo particular y familiar: que la salud, armonía y ecuanimidad sean nuestros constantes compañeros. Igual entorno se traslade a cada una de las amistades y cordiales lectores que nos siguieron durante el 2017. Inmensa gratitud por conllevarnos.

2. Que, por fin, se plasme el final de la guerra, y consoliden las normas que garanticen un posconflicto con justicia social. Para obtener tan anhelada meta, pedimos la desaparición de los augurios infundados y temerarios difundidos vastamente: “Vendrá una Colombia en manos de la Farc comunista, castorchavista. El librepensamiento permitirá la homosexualización universal”. Que todo vestigio de odio, cinismo, cizaña, falsas noticias, desinformación y calumnias salgan del glosario de los saboteadores de la paz, actores de la absurda polarización ideológica nacional.

3. Que la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y No Repetición, recompense integralmente a las víctimas de la violencia; ubique y desenmascare a los responsables de la barbarie, ya sexagenaria, para reparar sus culpas, viniesen de donde viniesen: militares, civiles, gobernantes, poderosos o subversivos.

4. Que el azote de la corrupción, madre de todos los males, invasora de las esferas estatales -desde las altas cortes, entes fiscalizadores hasta el último funcionario-, llegue a su fin. También, los otros flagelos destructores de la avenencia del país: narcotráfico y delincuencia organizada; en ocasiones mezclados con la anterior, en una bomba devastadora y letal.

5. Que, para efectuar estas y otras trasformaciones sociales urgidas, los colombianos seamos inteligentes al elegir, en las próximas votaciones, a los dirigentes más representativos, ecuánimes, equilibrados; libres de falsas promesas, clientelismo, compromisos de clase, caudillismo e intereses personales. En otras palabras: que no reelijamos a los mismos politiqueros corruptos de siempre.

6. Que los derechos de los niños, al fin, sean respetados: salud, educación, recreación. Sobre todo, que no volvamos a escuchar los términos: maltrato, trabajo infantil, explotación sexual, violación ni infanticidio.

7. Que las funciones de la mujer sean reconocidas y dignificadas en el campo social, político y laboral. No más feminicidios. Ninguna discriminación ni agravios físicos, psicológicos o sexuales contra ellas.
8. Que cesen los cobardes asesinatos de líderes comunales, persistencia de una conflagración larvada, impune y fratricida. Condena para los autores.

9. Que el superávit monetario a ultranza deje de ser el principal dictador del plan de vida y destino del hombre, familias, sociedades y países. Que el imperio norteamericano y su altanero presidente paren el atropello financiero en el mundo a través de los grandes consorcios del capital. Ojalá encontrásemos alternativas sociopolíticas y económicas diferentes al neoliberalismo voraz, que nos ha convertido en esclavos modernos del dios dinero.

10. Que rescatemos la defensa y el amor por la naturaleza, la conservación del medio ambiente y la preservación de la vida en Colombia y el planeta, legado invaluable para nuestros hijos.

11. En lo regional: que los futuros mandatarios, exentos de antecedentes oscuros e investigaciones penales, sean capaces de llevar al Cauca por los senderos de la paz, equidad y progreso. No más Cauca violento, pobre y relegado. Sí al desarrollo agrario, vial y turístico. En nuestro Popayán entrañable: soluciones prontas en asuntos cruciales de movilidad, espacio público, desempleo y seguridad ciudadana.

12. Que la amada Selección Colombia cumpla un decoroso papel en el campeonato mundial de fútbol venidero.

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