Ecos de las protestas sociales.

Por: CARLOS E. CAÑAR SARRIA   –

carlosecanar@hotmail.com    –

Contundente la
participación de miles de colombianos en el paro nacional, en las marchas y en
los cacerolazos. Rotunda expresión de la sociedad civil ante el desgobierno de Iván
Duque, que al cabo de 15 meses de mandato resalta un bajo grado de popularidad
que las encuestan le posicionan por debajo del 30%.

           Gran cantidad de compatriotas, con las
masivas expresiones de descontento social, pacíficamente se pronunciaron contra
un gobierno que viene anunciando la implementación de una serie de medidas
neoliberales y por ende, antipopulares, como la reforma laboral y pensional,
que muchos sectores sociales rechazan por ser ajenas a los intereses colectivos
en un país, donde la mayoría de la población se debate entre la pobreza y la
miseria.

            Es cierto que en algunas ciudades-
como suele ocurrir en este tipo de eventos- no faltaron los desadaptados,
algunos oportunistas dedicados al saqueo y otros a generar terror. Aunque
también hay dudas sobre la procedencia de los agitadores, cuya finalidad
esencial es desacreditar las protestas esencialmente legítimas. Se esperan
aclaraciones de parte de las instancias investigadoras y de la justicia.

            Triste y lamentable algunos
desmanes cometidos por el Esmad. El caso del joven Dilan Cruz, que, en el
momento de escribir estas líneas, se encuentra en cuidados intensivos; acto que
ha sido rechazado en todo el país y en especial en Bogotá, incluyendo el rechazo
por parte del presidente. El general Hoover Penilla, comandante de la Policía
Metropolitana de Bogotá, ante la pregunta de un periodista, sobre si ya estaba
identificada la persona que disparó contra el joven Dilan, señaló-algo molesto-
que hay situaciones que se salen de las manos: “El Esmad no estuvo allí porque
quiso”. Y agrega: “Es porque ha venido una serie de desórdenes, desmanes a
nivel de la ciudad…Y vamos a restablecer el orden…cueste lo que cueste, pero
siempre cumpliendo las normas, las leyes…” Que hay situaciones que se salen de
las manos como la de Dilan. “Lamentable. Soy el primero que lo lamenta”. El
citado general, pidió “lógica ante las situaciones”.

            Nuestro orden constitucional
considera legítima la expresión del descontento social en términos pacíficos,
por lo tanto, ni a los sectores sociales inconformes, ni al Estado, -garante de
los derechos de la población- les está permitido el uso de la fuerza y la
violencia para dirimir los conflictos que se hacen inevitables en toda sociedad
y más aún, en toda democracia. El sociólogo Max Weber, considera característico
del Estado, el monopolio del ejercicio de autoridad sobre la violencia en un
contexto territorial, pero ese monopolio debe estar revestido de legitimidad.

           Después del paro del 21 de
noviembre, se han venido suscitando una serie de protestas y cacerolazos en
varias ciudades del país que, de continuar, se espera, como en toda sociedad
civilizada, se hagan en paz como generalmente se han venido haciendo.

           En la primera alocución
presidencial, Duque prácticamente poco dijo, reconoció el derecho a la protesta.  En la segunda ya fue más argumentativo y
propositivo con aquello del diálogo nacional, que inició con el encuentro de
alcaldes y gobernadores electos; reunión no exenta de críticas, ante la
ausencia de los promotores del paro, de las centrales de trabajadores, de los
gremios, de los estudiantes, etc. Se presupone que en su agenda ya tenga a los
demás actores sociales en el transcurso de los próximos días.

           
No dejan de expresarse voces alarmistas, en el sentido de que las
protestas tienen la finalidad de tumbar a Duque. Muchos analistas desestiman
esa posibilidad. El presidente, como ya lo hemos señalado, debe re direccionar
los caminos. Vastos sectores sociales están exigiendo cambios sustanciales en
el orden socioeconómico. Como bien lo hizo entrever Humberto de la Calle, ex
vicepresidente y ex jefe negociador del proceso de paz: “La protesta fue un
llamado de atención para el gobierno, una especie de tarjea amarilla.  De la Calle, respecto a la primera alocución
presidencial el día del paro, anotó, refiriéndose a Duque: “Me parece positivo
que diferenció las manifestaciones clamorosas de la ciudadanía, de los actos
vandálicos de minorías anarquistas al final de la jornada. Eso hay que
abonárselo, pero, Duque se quedó corto, se limitó a decir que estaba
escuchando, pero yo creo que la sociedad colombiana no quiere solo que la
escuchen”. Y advirtió: “Creo que era el momento de invitar y abrir una reflexión
muy profunda de carácter nacional. Las marchas ocurrieron en todo el país y no
solo en Bogotá…Es probable que lo deba hacer en el futuro inmediato, pero no
debería perder tiempo”. Esta propuesta fue acogida por Duque de manera
inmediata.

         Los grandes ausentes han sido los partidos políticos, los cuales consuetudinariamente sólo hacen presencia en épocas electorales, precisamente como maquinarias electoreras, pero nada más. Qué lejos están estos partidos, de ser los reales intermediarios entre la sociedad y el Estado.

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