Ecos electorales


Por: CARLOS E. CAÑAR SARRIA –
carlosecanar@hotmail.com –

Ganó el uribismo. Contundente el triunfo de Álvaro Uribe y desde luego, de Iván Duque, su protegido. Más de 10 millones de votos es mucha votación y se nota a leguas lo efectivas que fueron las alianzas tanto en la primera como en la segunda vueltas. Desinformación, manipulación y clientelismo a la lata; con unas encuestas manipuladoras y unas empresas periodísticas bastante poderosas a favor del ganador. Nuestra cuestionada democracia sigue en crisis. En realidad uno de los principales retos es construir una prensa libre y responsable. El discurso falaz del castro-chavismo, de las expropiaciones, cerrar iglesias, de algunas o de múltiples maneras, les funcionó. Esto demuestra lo mal que estamos los colombianos en cultura democrática.

Contundente también el triunfo de la izquierda democrática en cabeza de Gustavo Petro, unos resultados electorales a favor de la izquierda, inusuales en la historia de Colombia. En un país como el nuestro, donde prima en la cultura política de los colombianos patologías tales como el clientelismo, el populismo, la corrupción, la politiquería,etc.

Un valioso capital político que tiene la izquierda democrática en el futuro de este país. Petro anunció que hará oposición al próximo gobierno, al tiempo en que reconoció el triunfo de Duque.

La oposición será fundamental, sobre todo cuando en el “nuevo” gobierno están figuras reconocidas de las viejas castas políticas, ávidas de intereses personalistas e indispuestas a generar los cambios que requiere Colombia.

Valiosa será la oposición democrática a la hora de evitar que quienes gobiernan lo hagan con poderes omnímodos, que quien tenga el Ejecutivo, no subsuma en su propia persona los demás poderes, como aciagas épocas de ingrata recordación. Los más de 8 millones de votos que sacó Petro en la segunda vuelta le dan legitimidad a la oposición; al igual que los más de 10 millones de votos obtenidos por Duque le dan legitimidad para comenzar a gobernar.

La ciencia política nos enseña que una cosa es la legitimidad de unos resultados electorales y otra cosa bien diferente es la que se desprende del ejercicio del poder.

La mayoría de colombianos de bien, enfatizamos de la necesidad de vivir en paz, en convivencia civilizada entre todos los colombianos, como buenos vecinos, sin odios ni resentimientos, construyendo entre todos la cultura de la paz. Que no será fácil y no se logrará de la noche a la mañana. El respeto de los acuerdos de paz debe ser una prioridad, no podemos involucionar a situaciones de barbarie y destrucción. De cuántos muertos nos hubiéramos librado y cuánta infraestructura económica nos hubiéramos ahorrado, si se hubiera evitado a tiempo una guerra fratricida que es preciso dejar de recordar.

Ojalá el ex presidente Uribe deje gobernar a su pupilo, es inevitable que le esté hablando cercanamente al oído. Eso no quiere decir que está prohibido escuchar a quienes ya han detentado el poder; en no pocas ocasiones es necesario hacerlo; unos consejos a tiempo pueden evitarle problemas tanto a los mandatarios como a los países que dirigen.
El problema es hasta dónde estará dispuesto Uribe dejar a Duque actuar con independencia. Las confrontaciones entre los dos líderes durante los ocho años de gobierno de Santos son históricas.

La verdad, quienes votamos por Petro nos sentimos frustrados, seguimos pensando que el programa de la Colombia Humana era el más indicado para afrontar los males que padece Colombia como la corrupción, el clientelismo, el populismo, la politiquería, la inseguridad, las profundas desigualdades socioeconómicas que tienen ubicada a Colombia en los últimos peldaños en desarrollo humano y desde luego, en convivencia civilizada.

Ojalá Duque acierte en su propuesta de buscar un gran acuerdo nacional, en que se haga realidad aquello de que no gobernará con odios y que privilegiará intereses colectivos; que luchará contra la corrupción, etc. La lucha contra la corrupción es una de las empresas más difíciles que tiene el nuevo presidente y toda Colombia. La verdad es que quien lidere y emprenda esta tarea, debe estar libre en todo sentido.

Días inciertos y difíciles vendrán para Colombia, los resultados electorales del pasado domingo así lo presupone; no obstante, a pesar de las circunstancias adversas, hay que conservar un optimismo moderado para no pecar de fatalistas. Expectativas por el importante papel que hará la oposición democrática. Muchos de los votantes uribistas hoy están rebozados de alegría; esperamos que esa alegría no les pase y que ojalá les dejen probar a todos las mieles del poder. Ya lo veremos.

En entrevista reciente a El Espectador, el presidente Santos reiteró que el ex presidente Uribe, desde el comienzo pretendió cogerlo de títere pero Santos no se lo permitió. Debe ser insoportablemente difícil para un presidente titular consultarle a otro cada decisión que se pretenda emprender. Y mucho más difícil tener que aguantar durante cuatro años a una persona que le dictamine qué hacer o dejar de hacer.

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