El Cauca, Popayán y los ninis.


Por: JAIME BONILLA MEDINA –
jaboneme@hotmail.com
– Cuando nos enteramos, por primera vez, de la palabra nini pensamos en una mofa a tantos polítiqueros corruptos, ineficientes o caducos que ni rajan ni prestan el hacha, pero si expertos manejadores del “serrucho”.
Nini es un término acuñado por economistas y sociólogos correspondiente al acrónimo neet en inglés, para la expresión “not in employment, education or training” o sea: “ni trabaja, ni estudia, ni recibe formación”. En otras palabras, personas desocupadas entre los 15 y 24 años.
El fenómeno nini tiene bien definidas sus causas: son, de preferencia, los desajustes sociales traducidos en pobreza económica, pobreza educativa y carencia de fuentes de empleo, bastante concatenados entre sí. En recientes columnas anotábamos el desacople de la educación básica y universitaria actual, en relación a las necesidades futuras en la vida del ciudadano.
Un informe del Banco Mundial confirma más de 20 millones de ninis en Latinoamérica. Colombia es el segundo país con la mayor población. El 60% proviene de hogares humildes y el 66% son mujeres.
De los 6.3 millones de jóvenes que hay en el mercado laboral colombiano, 1.3 millones están desempleados siendo más afectadas las mujeres con tasas superiores al 20%.
En las trece principales ciudades del país hay cerca de 600.000 chicos inactivos, 400.000 mujeres y 200.000 hombres. Una de cada diez personas en esa edad, se convierte en nini y de cada 10 de ellos, seis son mujeres. Las damas son más vulnerables pues la incultura, el embarazo precoz y los oficios domésticos truncan cualquier proyecto de vida. Solo el 19% de desempleados posee un título profesional en comparación al 38% en jóvenes trabajadores. Datos tomados de una investigación realizada por la Universidad del Rosario (2016).
A nivel regional la situación no varía al ser el tercer departamento más pobre del país, apenas superado por Guajira y Chocó. Según el último estudio Ormet, la población caucana perteneciente al planeta nini sería del 80%. En Popayán, una de las tres ciudades con la tasa de desempleo más alta (12 a 18%), el panorama no es muy alentador: el 70% de los jóvenes no estudia.
Las causas del atraso socioeconómico en Popayán y el Cauca son muy particulares y reconocidas. Tal como lo manifiesta el escritor Víctor Paz Otero en la serie “La ciudad esfumada”; en el pasado, las familias poderosas obtuvieron fortunas y latifundios gracias al esclavismo de las negritudes, opulencia que no destinaron a la productividad mercantil o progreso local sino al ocio estéril, al atesoramiento y al embellecimiento de los claustros religiosos. En tiempos recientes, la élite de políticos provincianos hizo de sus curules e injerencias, fuentes para el enriquecimiento propio en detrimento del desarrollo territorial. Además, el terremoto de 1983 y anteriores aportan origen significativo a este rezago.
Las consecuencias son de fácil deducción: en una colectividad plagada de miseria y desocupación asienta, sin dificultad, el trabajo informal (mototaxismo, ventas ambulantes, etc.), minería ilegal, cultivos ilícitos, narcotráfico, explotación laboral, delincuencia, drogadicción entre otros lastres sociales. Gracias al pacto con las Farc ha menguado, notoriamente, la estadística de violencia.
Corresponde a este y al próximo gobierno priorizar en dos propósitos: reforma educativa y solución al desempleo. Así no subsistirá la frustración en una juventud predestinada a asumir las riendas de la economía; tampoco la implementación de los acuerdos de paz se convertirá en calvario para un grupo naciente que deja las armas y toma el camino de la convivencia pacífica y fértil.
Ojalá en nuestro preciado terruño pasemos de la generación nini a la generación “tantan”: ¡qué patojos tan resueltos y tan emprendedores!