El método Druckerman.


Por:JAIME BONILLA MEDINA –
jaboneme@hotmail.com

-Todo empezó cuando Pamela Druckerman y su familia vacacionaban en París y fueron a un restaurante. Se dio cuenta que la pequeña hija “estaba arrojando la comida y portándose mal, mientras que los demás niños utilizaban los cubiertos y estaban correctamente sentados”.
Druckerman es periodista y escritora estadounidense, conocida por sus libros dedicados, especialmente, a la puericultura. Hace poco escribió el exitoso «Bringing up bebé» (Criando un bebé), donde recomienda una nueva metodología en formación infantil, extractada de la comparación entre el modelo norteamericano: sobreprotector, laxo, creador de jóvenes despóticos, insolentes -que ha ido permeando nuestra cultura latina- frente al estilo francés forjador de menores juiciosos y educados.

Para los padres galos, no se debe confundir amor con sobreprotección. Disciplinar imponiendo normas y límites firmes, sin coartar la autonomía y la libertad de los niños, y sin temor a traumatizarlos, es trascendental aun desde el nacimiento. Entienden que el recién nacido tiene ciclos cortos de sueño, sin requerir de nuestra presencia a cada momento. Los bebés duermen solos, aparte, a las semanas de vida.

Sus retoños deben acostumbrarse al no sin contemplación. Así pierden importancia las rabietas, aprenden a ser pacientes y obedientes. El menor francés no come a deshoras y consume los alimentos de los adultos sin protestar. No existen los menús infantiles en los restaurantes. Cumplen los horarios al acostarse, y sus dormitorios no son un desorden. Saludan, se despiden y agradecen. No interrumpen las conversaciones.

La familia no gira alrededor de los hijos ni se sacrifican tanto por ellos. Durante el embarazo, la madre no se sobrealimenta y promueven la lactancia materna solo hasta los seis meses. Tampoco son matriculados en diversas disciplinas, como se atosiga a los nuestros. No se trata de ser padres perfectos de vástagos perfectos, para evitar obsesiones tan extremas como sentirse culpables de insignificancias.

Algo llamativo, captado por Druckerman, fue la importancia dada al tono de voz dirigido a los infantes. No es cuestión de exasperadas cantaletas; es advertirles lo inadmisible de manera calmada, sin gritar o insultar, pero con autoridad, firmeza y convicción. Aunque en Francia la violencia infantil es duramente penalizada, a los padres se les permite un leve castigo. «Sabemos distinguir entre abuso y una simple nalgada».

«Los niños en Francia no son los reyes. Se espera que ellos se adapten al mundo de los mayores y no al contrario». Les enseñan a portarse bien en sociedad. En una fiesta, el pequeño francés juega tranquilo, mientras los adultos disfrutan. El latinoamericano es perseguido, desesperadamente por los padres, para evitar travesuras.

La clave del éxito, según la autora, radica en dos aspectos: 1.-El empeño puesto para preparar a sus hijos: «Les explican, claramente, qué conductas están permitidas y cuáles no» 2-Persiguen los mejores intereses de los chicos, pero sin que el mundo gire alrededor de ellos.
Los críticos a este modelo de educación, tanto en el colegio como en el hogar, estricto, basado en la memoria y los buenos modales; advierten del regreso a tiempos cuando los menores no eran considerados personas. Aliena, limita su autonomía y creatividad, los torna sumisos, listos para ser explotados o, al contrario, rebeldes y vengativos.

Sin embargo, para Druckerman, esto es ventajoso. A los escolares se les enseña lo fundamental: gramática, escritura y memorización, antes que las matemáticas y las actividades multidisciplinarias avasallantes de la educación anglosajona.

A criterio personal: no existe la última palabra en guías de crianza. Ni excesiva permisividad o alcahuetería, ni amigos de la chancleta o el coscorrón. Seguramente, no levantaremos nuestros hijos al estilo francés, pero si podemos asimilar un par de recomendaciones del método Druckerman, para que en familia sepamos escoger, con sentido común, el esquema más adecuado al entorno social y pluricultural propio; y promover, de esta forma, ciudadanos independientes, solidarios, honestos y creativos.

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