EL NIAGARA EN BICICLETA.

Por: Omar Orlando Tovar Troches –ottroz69@gmai.com-

4:00 P.M. de un fin de semana con festivo incluido, uno más de los muchísimos que tiene este País dedicado al Sagrado Corazón de Jesús. Si Usted, como millones y millones de habitantes de esta sufrida Matria, tiene la mala fortuna de padecer algún quebranto de salud, el festivo se convierte en un muy cercano preludio al desastre y, en no muy pocas ocasiones, con muerte incluida.
En Colombia y particularmente en Santander de Quilichao, en el Departamento del Cauca, el escenario puede ser aún más aterrador. Los Habitantes de la Tierra de Oro tienen que padecer, además de sus contratiempos de salud, un mal mayor; estar sujetos al escalofriante sistema de salud colombiano, también conocido con el alias de “Ley 100”.
Una de las instituciones que hasta hace poco fuera la joya de la corona Quilichagüeña, es hoy; un triste monumento al trato degradante, al irrespeto por la dignidad humana, es el epítome del desastre. Me estoy refiriendo al Hospital Francisco de Paula Santander, otrora orgullo de esta comarca norte caucana. El antes certificado a la calidad; Hospital Francisco de Paula, hoy recibe a sus pobres usuarios con un espectáculo de hacinamiento, de desorden y de un muy precario servicio médico, que se supone es su razón de ser.
Sin ser un hospital universitario, los y las encargadas de atender a los muy pacientes y resignados “pacientes”; son un grupo de jóvenes estudiantes de último año de medicina o a lo sumo recién graduados de la misma. No quiero afirmar que los y las jóvenes profesionales de cualquier rama del conocimiento, no puedan ni tengan el derecho a ejercer sus profesiones, lo que si es cierto, es que también hacen falta, la experiencia en el trato al paciente y, cómo no, la experticia que dan los años de práctica en cualquier actividad y mucho más ésta; dedicada a salvaguardar la vida humana.
Estos primerizos profesionales parecieran apostar todo a las nuevas tecnologías, dependen, como la mayoría de los humanos, de los dispositivos “inteligentes” para ejercer su profesión, le apuestan a la excesiva digitalización para atinar algún examen o diagnóstico. Las tecnologías son para ayudarnos no para reemplazarnos…
El hecho es que ya son muchos los casos de yerro, a la hora del diagnóstico y del tratamiento, que han cometido estos imberbes cuidadores de nuestra salud. Aunque errar es sinónimo de humano, tanto errar no es tan bueno, cuando se trata de la salud de los Quilichagüeños, ni que hablar de lo que pareciera ser la deshumanización de estos noveles profesionales, pero; que más pueden hacer estos entusiastas y muy bien intencionados profesionales, si la institución para la que trabajan, el Francisco de Paula en Santander, sufre de un desgreño administrativo tal, que no es sino recorrer sus instalaciones para constatar que de gestión ya no queda nada, de calidad mucho menos, de eficiencia ni hablar y de transparencia: uno se empieza a cuestionar. En pocas palabras; sufrir consulta y estadía en Hospital de Santander de Quilichao, es eso; un sufrimiento.
Nuestros H. Representantes a la Cámara del Congreso Colombiano; en especial don C.J. Bonilla, tanto en su calidad de Alcalde en cuerpo propio o ajeno, como en la de Honorable R., se cansó de ilusionarnos con el gran hospital de nivel 25, sus sucesores en la Alcaldía de Quilichao nada hicieron ni han hecho para poner siquiera, la primera piedra en el lote, fruto de monumental furrusca en el Concejo Municipal, del cacareado Hospital regional.
Los usuarios o clientes, como ahora nos llaman, del Hospital Francisco de Paula, nos quedamos esperando el cambio de la pasada y la actual administración de dicha institución, sin embargo; pudieron más el cálculo politiquero y el clientelismo que la idoneidad de la cabeza de esta necesarísima entidad hospitalaria. Los resultados están a la vista.
“y me fui poniendo blanco como bola ´e naftalina /me llevaron a un hospital de gente (supuestamente)/ en la emergencia, el recepcionista escuchaba la lotería/(¡treinta mil pesos!)/ ¡Alguien se apiade de mí!/ grité perdiendo el sentido/ y una enfermera se acercó a mi oreja y me dijo: / “tranquilo, bobby, tranquilo”1…Y de seguir las cosas (de la salud en Quilichao), nos tocará aceptar tristemente que obtener buen servicio es tan duro como “Pasar el Niágara en bicicleta”1.

1-Canción El Niagara en Bicicleta de Juan L. Guerra.

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