El plebiscito, una decisión histórica.


Por Hermes Ferney Ángel Palomino –
Después de la independencia del yugo español Colombia se apresta a tomar una decisión histórica, la más importante de los últimos tiempos. Cansados ya de una guerra provocada por el Estado y contestada por una de las guerrillas más longevas y violentas del continente, son pocos quienes se niegan a apoyar el acuerdo que en corto tiempo firmarán el gobierno y las FARC.
Ninguno de los procesos de paz firmados anteriormente -con las guerrillas o los paramilitares- ha contado con la refrendación popular, ya que han sido acuerdos bilaterales que –en el caso de los grupos subversivos- han desconocido las reivindicaciones sociales y económicas por las que –supuestamente- se había venido luchado. Uno de los más famosos fue la desmovilización del M-19, en este caso no hubo ningún punto que posibilitara el mejoramiento de las condiciones económicas o sociales del pueblo colombiano, lo único que recuerdo del famoso acuerdo es que a cada desmovilizado se le entregó un taxi o algún auxilio económico por corto tiempo, es decir, la negociación se limitó a asistir económicamente a muchos de los ex-militantes, nada sustantivo para las clases menos favorecidas.
A estas alturas de la película, se desconoce la columna vertebral de las negociaciones de La Habana, espero no tengamos la desilusión de encontrar un acuerdo famélico y mezquino que deje incólume la columna vertebral del sistema. De antemano se conocía que el modelo económico no era un punto de discusión dentro de los acuerdos, pero tampoco es de esperar que después de sesenta años de subvertir las leyes las FARC hayan firmado un acuerdo que solamente les represente algún beneficio económico a los desmovilizados. Sería una de las mayores decepciones políticas de los últimos tiempos.
Bien sabemos que la paz no se decreta e ingenuo sería pensar que la infamia del sistema se va a terminar mediante un acuerdo, no señores, la lucha contra la injusticia social apenas comienza, pero el escabroso camino comienza a desbrozarse, ya los partidos políticos y los movimientos sociales de izquierda no podrán ser rotulados como “el brazo político de la guerrilla”, ya la debacle económica no podrá ser atribuida a éste fenómeno, tampoco el narcotráfico seguirá contando con el apoyo directo o indirecto de las FARC, en fin, son muchos los factores que no serán ya más un obstáculo en el largo sendero hacia a la paz.

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