El sarampión, una mala seña


Por: JAIME-BONILLA-MEDINA –
jaboneme@hotmail.com –

La exportación de Venezuela de cuatro casos de sarampión hacia nuestro país, ha disparado las alarmas sanitarias aquí, y en países vecinos, dada la gravedad de la enfermedad.
El sarampión es una patología infecciosa febril, caracterizada por un brote en piel y ocasionada por un virus altamente contagioso. Se trasmite directamente por secreciones respiratorias del enfermo o alimentos u objetos contaminados. Afecta más a niños no vacunados menores de cinco años o adultos mayores de 30, desnutridos o personas con enfermedades debilitantes. Las complicaciones que pueden comprometer el cerebro, el sistema respiratorio y gastrointestinal, la hacen potencialmente mortal. No tiene tratamiento específico y la única prevención es la vacuna que se administra, junto con la de paperas y rubeola (Triple viral SPR), al año de edad con refuerzo a los cinco años.

Varios aspectos negativos surgen de las causas de este fenómeno: desde el 2015 no se reportaban casos de la enfermedad en Colombia. Los más de 850 casos en Venezuela, solo en el segundo semestre/2017, sumado a la crisis social y migración masiva de sus habitantes hacia Colombia y otras naciones, ya convertía en previsible esta situación. La cifra tan escandalosa desnuda la pésima calidad del sistema de salud en el vecino país. El grave problema consiste en la carencia de insumos para la atención, entre ellos, el déficit de vacunas disponible para garantizar un adecuado nivel de cobertura poblacional, contra este y otros males prevenibles. El gobierno venezolano reporta cifras de 88% de cubrimiento, pero la realidad es otra. Colombia posee el 93%, estado aceptable para enfrentar una posible epidemia.

Incipiente, aunque ya real, es el impacto en nuestro medio, del movimiento mundial antivacunas originado hace nueve años en Inglaterra a raíz de una falsa información en cuanto a la producción de autismo infantil en los pequeños receptores de su aplicación, movimiento responsable de la epidemia europea de sarampión en el 2017 con 21.300 casos y 35 muertes. Todo esto espoleado por personajes de farándula y gobernantes alharaqueros similares a Donald Trump; al igual que los creyentes naturistas radicales, quienes entre sus requisitos de militancia tienen el rechazo al uso de todo producto que provenga de la industria farmacéutica.

La Organización Mundial de la Salud y La Cruz Roja Internacional, clasifican en diez los estados patológicos relacionados con la pobreza, subdesarrollo y malas políticas en salud de un país: 1- Desnutrición. 2- Infecciones respiratorias agudas. 3- Tuberculosis. 4- Complicaciones del embarazo y parto. 5- Prematuridad y bajo peso al nacer. 6- Malaria. 7- Enfermedad diarreica. 8- VIH Sida. 9- Otras enfermedades tropicales. 10- Difícil acceso a la atención médica.

Si colocamos en la balanza de precariedades del sistema de salud de ambos países, llegamos a la triste conclusión que en varios componentes nos damos la mano y en otros superamos a Venezuela, verdad aterrizada incitante a reflexionar. Pensar que con solo alimentación, educación e higiene ambiental se solucionan gran parte de estos flagelos, pero seguimos siendo una región vulnerable, relegados a los últimos lugares en equidad de la riqueza y primeros en desigualdad social, paupérrimos en salubridad, saneamiento básico y educación; víctimas de una casta social dominante aferrada al poder: populistas unos y corruptos otros, que se perpetúan cada determinado tiempo, sobretodo en épocas de carnaval electoral, mintiéndole a sus pueblos con falsos temores, tal cual el machacado e infundado castrochavismo; o, dada la posibilidad de un gobierno alternativo, nos convertiremos en una Venezuela, como si estuviéramos viviendo las bondades de un desarrollo armónico similar al establecido en Australia o Noruega.

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