Episodios de la política nacional.


CARLOS E. CAÑAR SARRIA
carlosecanar@hotmail.com
En realidad aún no se sabe a ciencia cierta quien es el candidato del presidente Santos para la próxima contienda presidencial, si es Humberto de la Calle o el ex vicepresidente de la República, Germán Vargas Lleras. El primero, por su abnegada labor como uno de los principales negociadores del proceso de paz con las Farc y el segundo, por su labor en el cumplimiento de los planes de economía social del gobierno. En las últimas semanas, previas a la renuncia de Vargas Lleras, las apariciones en público del Presidente y su vice se hicieron cada vez más frecuentes en la entrega de casas gratuitas que se acercan a 130.000 y en la inauguración de obras de infraestructura de gran impacto social. Elogios del Presidente hacia Vargas Lleras no se hacen esperar, que hasta hemos llegado a pensar que Santos anda en campaña a favor de Vargas Lleras. Si algo es difícil de entender en nuestro país es el comportamiento de los personajes públicos. Se podría pensar-si hablamos de guiños presidenciales- que Vargas Lleras, que asumió una posición ambigua durante el proceso de paz, poco tendría que hacer frente a De la Calle, quien garantizaría un ambiente favorable en el postconflicto.
De otro lado, Humberto De la Calle viene haciendo pronunciamientos en la opinión pública con indirectas-directas a Vargas Lleras, en el sentido de que hay que tener cuidado en la posibilidad de la implementación de una nueva república inspirada en coscorrones, actitud que abona la hipótesis que De la Calle va tras la presidencia y ya comienza a escucharse que una contienda entre estos dos personajes, no sólo sería controvertida sino también interesante.
Por su parte el escándalo de Odebrecht sigue copando los espacios de la crítica nacional y de la opinión pública. Del escándalo no se escapa ni el uribismo ni el santismo, puesto que tanto en las campañas del 2010 como en la del 2014 hubo ingresos ilegales de la compañía extranjera. En el 2014, Santos fue el candidato de Uribe y en el 2014, Oscar Zuluaga fue el candidato del uribismo pero ganó Santos en la segunda vuelta. Odebrecht le aportó y le aposto a ambos candidatos para ganar con cara o con sello.
De ahí que el comentario más frecuente es que no se sabe si entre uribistas y santistas cuales son mejores o peores en temas de moral pública. Los hechos están demostrando que la penetración de dineros ilegales en las campañas políticas ha sido una práctica consuetudinaria en nuestro país y que no solamente fue utilizada por Samper, si recordamos los hechos relacionados con el proceso 8.000.
Difíciles se tornas las campañas tanto para la presidencia como para las corporaciones legislativas del próximo año, que sin duda estarán nutridas en el discurso anticorrupción, el problema es que no habrá nadie en quien creer, o más bien, habrá pocos en quien creer, dado el escepticismo generalizado que nos ha llevado a recordar a Nietzsche y su nihilismo, que no es otra cosa que la pérdida de fe en todo, en los dioses y en los hombres. En este país todo se puede esperar, no puede ser casual que sigamos eligiendo y reeligiendo a los mismos de siempre.
¿Y el presidente Santos? Está saboreando los tragos más amargos de su vida pública. No gustó la forma en que reconoció la penetración de dineros de Odebrecht en las campañas presidenciales, con el ligero argumento de que “me acabo de enterar”, pocos van a creer que es algo que se dio fue a sus espaldas. Santos quien venía de capa caída en cuestión de popularidad, con lo de Odebrecht se le rebozó la copa. Las críticas le llueven de todas partes. Que renuncie, dicen unos; que así como desde su posición de periodista pedía la renuncia del presidente Samper, le corresponde ahora renunciar él; que se investigue y que la justicia actúe con prontitud y acierto, dicen otros; que no merece el nobel de paz, etc. Frente a todos estos juicios y presiones, estamos seguros de que Santos sabrá defenderse ante las instancias judiciales. El Buen Gobierno, al que tanta veces se ha referido Santos, no puede erigirse ni mantenerse con credibilidad mientras subsista el más leve lunar de corrupción.
Insistimos que no hay que confundir los episodios históricos. Nadie podrá desconocer en Santos que ha liderado un gobierno de corte liberal, con enorme sentido social y que se la ha jugado toda por la paz; que nadie en este país pudo lograr la hazaña de concretar unas negociaciones que dieran lugar a la firma de un acuerdo definitivo con el grupo insurgente más antiguo del mundo que logró imponerse por más de 52 años con las devastadoras consecuencias en un país acosado por la guerra, la miseria y la pobreza.