ESOS INÚTILES PAROS.

Por: Omar Orlando Tovar Troches –ottroz69@gmail.com –

“Como “en abril, lluvias mil”, “en mayo, paros como un rayo”.” Finaliza un Blog del Tiempo, en el cual, su autor considera como “inútiles” a los paros en Colombia, eso sí según el autor del Blog. Esta percepción más o menos generalizada acerca de la protesta civil, del derecho a asociarse, a comunicar o a oponerse, desde hace tiempo se ha venido generalizando.
La mayoría de las personas que opinan así, generalmente empiezan su crítica advirtiendo sobre: “el profundo respeto que sienten por el Sagrado y Constitucional Derecho a la protesta”, lanzando a continuación el dardo con el acostumbrado: “pero lo que pasa es que no comparte”; las incomodidades que el ejercicio de este derecho generan en los padres y madres de familia, en los usuarios, en el transeúnte de a pie o en carro, en el ciclista, en fin en el ciudadano del común que no entiende cómo, por vía de la constitucional protesta, tiene que ver afectado su diaria rutina.
Para empezar, la primer razón del distanciamiento entre quienes ejercen públicamente el derecho al disenso y a hacerlo público y quienes se incomodan por ello, consiste en eso: En que el viandante común, el usuario, el padre o la madre, consideran a quienes protestan como unos “otros” muy extraños a su cotidianidad, mucho más, si las protestas de esos “otros”, no cuentan con el beneplácito de las elites económicas, sociales o periodísticas de este País.
Lo anterior obedece a ese ostracismo social en el que nos hemos venido confinando paulatinamente como sociedad. Sin importar cuan conectados estemos a las fuentes de información, nos desinteresamos por esos “otros” extraños, que paradójicamente, son nuestros padres, nuestros hermanos, nuestros hijos, nuestros amigos o conocidos que laboran en algún sector de la economía y se han agremiado en un sindicato o pertenecen a algún colectivo social reivindicativo de derechos sociales humanos o animales y que dadas las actuales circunstancias; se ven obligados a salir a paro para incomodar a esos “otros” conocidos que actúan como espectadores virtuales de nuestra realidad.
Imagino que las razones de la “inutilidad” de los paros en Colombia que arguye el Bloguero inspirador de estas líneas y que comparte con cientos y cientos de colombianos, se pueden encontrar en los libretos utilizados por los gobiernos de turno y los presidentes de los poderosísimos gremios económicos colombianos, para responder y descalificar a los protestantes: Que las protestas son políticas, que se politizaron los paros… ¡Pues claro que sí!, toda acción pública que manifieste inconformismo con el Statu Quo oficial o privado es un hecho político y de eso se trata la democracia, que las peticiones son irracionales, irreales y repetitivas, cómo no lo van a hacer, si en más de doscientos años de historia republicana, la clase dirigente no ha podido y no ha querido dar el brinco a la modernidad y mucho menos ha pretendido el bienestar total para los colombianos, eso sí es irracional pero tristemente cierto.
Don Juan Manuel, el Presidente, ante la pasada agitación social generalizada que enfrentó, se atrevió a decir: “Ese tal paro no existe…” y a fe que ni para él, ni para la elite socio-económica colombiana, los paros existen, como no existimos como seres humanos el resto de Colombianos que residimos y producimos en el territorio. No se necesita ser un Post graduado en sociología, economía ni en derecho para entender que si la dirigencia de un país no se preocupa por resolver las situaciones conflictivas de la comunidad, tarde que temprano estas inconformidades estallarán en protestas y aún en vías de hecho.
Estimado Bloguero: Sí. En Mayo, en Junio,… en Diciembre paros mil, si no nos conectamos con la verdadera realidad Colombiana y no con la de un país que se auto complace con ser el segundo país más feliz del mundo, con tener el mejor jugador suplente de futbol de Europa, con tener dos casi miss universo, y cómo no , con tener a ese Gran Colombiano como eje moral, político y religioso de las ruinas que él mismo creó en sus ocho años de corrupción.

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