¿Hoy elegimos poder político o parlamentarios?


Por: Juan Carlos López Castrillón –

-Hoy es 11 de marzo y Colombia vota para escoger un nuevo Congreso de la República, en medio de una fuerte polarización política, incertidumbre sobre la próxima elección presidencial y pocas expectativas de renovación.

Pero la verdad es que esto sólo tiene un alto interés para la minoría que se preocupa por la situación política del país, la gran mayoría seguirá siendo espectadora de las decisiones que se tomen en su nombre, las acompañará pasivamente o las avalará con su abstención. Por ahí empezamos mal, pues el desinterés en esta materia hace que unos pocos definan por todos. Va una.

El vaticinio de lo que va a pasar no es difícil de hacer, volverán a tener preponderancia las maquinarias de los operadores profesionales, soportadas en las distintas formas de intercambio de votos por empleos, contratos o acciones del estado, especialmente en las regiones más pobres y con las personas más necesitadas, además de las otras prácticas ilegales de compra de votos. Por ello, buena parte de los elegidos no serán quienes presenten las mejores propuestas o las mejores hojas de vida, sino los que tengan más maquinaria o más dinero; es así de sencillo y todos lo sabemos. Van dos.
El “electorado de opinión” estará concentrado en las áreas urbanas y tendrá una fuerte influencia de los discursos apocalípticos de la derecha sobre el coco de la “Venezuela castro-chavista en que nos vamos a convertir”, y los de la izquierda en torno a la corrupción – del ojo ajeno – y la crisis del establecimiento. Por supuesto, está la excepción de la minoría que de verdad vota a conciencia, con un ejercicio previo de análisis de candidatos y propuestas, pero son tan pocos que aún no tienen capacidad de desequilibrar la forma tradicional como Colombia elige a sus representantes.
En este nuevo escenario el centro se quedó sin auditorio, puede que tenga discurso pero el espectáculo taquillero está hoy en los extremos. El debate sobre la Paz, la educación, la salud y la pobreza fueron desplazados a un segundo plano por el miedo a un potencial “Maduro colombiano” y del otro lado por el rentable y gaseoso discurso de la Anti-Política. Para la decisión que se toma hoy, así como la de mayo y junio, parece ser que esa sintonía ya no lo cambia nadie, a menos que pase algo extraordinario. Van tres.

Dejemos de hacer ese conteo un tanto negativo y aprovechemos el tiempo para darle una mirada más amplia al tema del Poder, del cual presuntamente hoy elegimos una parte, aceptando para ello una definición que dice que “el poder es la capacidad que tiene alguien para realizar una acción determinada o de influir en las decisiones de un grupo o conglomerado”. Aquí entonces es donde vale la pena analizar qué tanto poder tienen o van a tener los congresistas que hoy estamos eligiendo.

La respuesta será positiva y obvia si nos movemos dentro del contexto institucional, pues ellos son los que votan las leyes y hacen el control político. Pero como sabemos que hay de todo, estarán los que hacen bien la tarea, los que la hacen a medias, los que ni siquiera hablan y otros que llegaron para cosas distintas. Mejor dicho, cada parlamentario forjará su espacio de poder en la medida en que logre tener influencia y protagonismo.
Valoremos esto antes de decidir a quién le vamos a dar el voto, pues de ello dependerá qué tantas posibilidades tendrán nuestros más sanos intereses.

Pero sigamos yendo más allá en la respuesta a la pregunta realizada de “donde está hoy en día el poder”, y encontraremos alternativas mucho más amplias que la percepción restringida del que detentan los parlamentarios, las autoridades o los gobernantes.
Existen otras instancias de poder – muy poderosas – alojadas en quienes toman las grandes decisiones y tienen la mencionada influencia para implementarlas. Ojo, esto no sólo se refiere a quienes manejan la economía, como el lector puede estar anticipando en su análisis.

Me explico, hoy en día existen otros espacios y otros operadores de poder que le han venido quitando relieve a los políticos, desplazándolos y limitando sus áreas de acción; entre ellos están las organizaciones sociales, los sindicatos, las ONGs, los medios de comunicación, las iglesias, los gremios, las redes virtuales, las veedurías ciudadanas y en general toda forma asociativa o de opinión, conglomerados que han venido creciendo y demostrando que pueden efectuar tareas de influencia y control.

Infortunadamente, en esta sección de opciones de poder, hay que entrar a reseñar el poder que se genera en las vías de hecho, como por ejemplo al bloquear una carretera, acción que hace mucho daño (afecta empleos, golpea a la economía, ahuyenta la inversión), pero que a veces tiene más poder que 20 parlamentarios juntos, en principio para conseguir unos acuerdos firmados a la orilla de una carretera, luego muy difíciles de cumplir y que requerirán de otro bloqueo para ser de nuevo analizados.

Moisés Naim, el buen escritor venezolano, analiza en profundidad este tema en un libro llamado El Fin del Poder, en el que demuestra cómo cada vez los políticos tienen menos poder, porque están más vigilados por la comunidad y porque son más visibles, por ende más juzgables y más vulnerables. Lo mismo pasa con las decisiones que toman, cada vez son más cuestionadas.

No quiero minimizar con esto la decisión que hoy debemos tomar al elegir senadores y representantes a la cámara, para nada, lo que quiero significar es que nosotros, todos, podemos ejercer – si queremos – tanta influencia como ellos en la toma de las decisiones de interés común, si tenemos iniciativa y nos organizamos, pero como eso toma su tiempo y es parte del proceso que Colombia está viviendo, por ahora iremos a votar con la esperanza de no ser defraudados, pero con la firme intención de ayudar a fortalecer las otras posibilidades de poder. Esa es la nueva democracia.

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