La gran decisión


Por: CARLOS E. CAÑAR SARRIA –
carlosecanar@hotmail.com –

El próximo domingo se realizará la elección presidencial en nuestro país. Ya prácticamente se cerraron las campañas y sólo falta esperar la decisión colectiva de las urnas. Esperamos que no suceda nada que ponga en entredicho el proceso electoral colombiano y que todo termine en paz como deben ser los procesos electorales civilizados. Los diferentes candidatos en general recorrieron el país exponiendo sus diferentes programas. Los más opcionados son Petro y Duque, pero pueden darse sorpresas de parte de Vargas, Fajardo y desde luego, De la Calle, este último, uno de los más serios y respetados por su corte de estadista.

Algunos candidatos no proponen nada atractivo y no dejan de caer en la demagogia y el populismo. El problema es que tildan de populista a quien no lo es; una cosa es la propuesta de un gobierno popular y otra bien diferente es la de un gobierno populista. Un gobierno popular se aproxima al pueblo, enfatiza en la vigencia de los derechos económicos y sociales; el gobierno populista se aproxima al pueblo mediante programas asistencialistas, es decir, regalando pescado y no cañas de pescar. Los gobiernos populistas en lugar de superar la pobreza la acentúan. La población es fácilmente manipulable y acrítica. Los gobiernos populares suman esfuerzos para garantizarles a las personas el derecho al trabajo para que paulatinamente vayan saliendo de la miseria y de la pobreza y puedan vislumbrar un futuro más promisorio. Un político populista recurre a los sectores deprimidos para utilizarlos electoralmente; no le importan cambios estructurales sino que pretende profundizar las desigualdades. El populismo suele estar asociado de clientelismo.

Por eso decidimos votar por Petro, porque es un candidato que le cabe el país en la cabeza; conocedor de la realidad nacional, de sus fortalezas y debilidades de Colombia; excelente congresista, en su paso por la Alcaldía de Bogotá alcanzó a figurar entre los mejores alcaldes del mundo. Como candidato presidencial, su programa Colombia Humana lo mantiene en los primeros lugares en intención de voto. Considerado un verdadero fenómeno político por su gran capacidad de aglutinar seguidores en la plaza pública y demás escenarios por donde transita. Poseedor de un discurso que cala bien en la gente, coherente y ajustado a las necesidades del país.

Un hipotético gobierno de Duque sería un regreso a un pasado no lejano, pasar del régimen político presidencial al presidencialismo, éste es la degeneración del primero, cuando el presidente termina actuando con poderes omnímodos. De ahí la propuesta inicial de Duque cuya intención era o es acabar con todas las cortes, lo cual no sería otra cosa que la materialización de una dictadura.

Petro ha tenido que soportar las arremetidas de sus contendores, en especial de Duque y Vargas “Fieras”, lo mismo de los seguidores de ambos que no han tenido compasión en las redes sociales; todos ven en Petro un rival complicado de vencer en las urnas el próximo 27 de mayo. No desperdician espacio para despotricar de Petro, lo tildan de castro chavista, populista, comunista, expropiador, de extrema izquierda, además de enrostrarle su pasado guerrillero; se ahogan en un mar de falacias, pero Petro sigue incólume.

Multitudinaria la asistencia al cierre de campaña de Petro en la Plaza de Bolívar el pasado jueves en la capital del país, algo escasamente visto a lo largo de la historia; se dice que asistieron entre cuarenta y sesenta mil personas, llenaron cuadras enteras en la plaza y sus alrededores. En nuestro criterio, una demostración contundente de que a Petro ya no hay quien lo pare.

No obstante todo esto, hay que esperar el próximo domingo los resultados electorales, para constar si lo difícil se hace posible, es decir, que haya triunfo en la primera vuelta; de lo contrario, habría segunda vuelta y el espectro político cambiaría de manera contundente en espera de las alianzas definitivas. Nada de raro sería una segunda vuelta entre Petro y Vargas o entre Petro y Fajardo. En un país como el nuestro, donde escasea la sociedad civil y en donde aún no se siente madurez política de la población, las coyunturas políticas suelen definir los procesos electorales. Todo es posible, lo esperado y lo inesperado y es allí donde se juegan la legitimidad y el prestigio las empresas encuestadoras y desde luego, los electores.

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