La obsoleta educación básica (I).

Por: JAIME BONILLA MEDINA –
jaboneme@hotmail.com
¿Qué, de lo aprendido en el colegio, nunca volvimos a necesitar en la vida? ¿Qué, de lo estudiado, nos ha servido para el desarrollo personal? ¿Qué tanto ha sido olvidado? Estos y otros interrogantes plantean expertos pedagogos al cuestionar la falta de dinámica evolutiva en la educación básica, primaria y secundaria, de los países subdesarrollados. Julián de Zubiría, economista colombiano, consultor de las Naciones Unidas; Roger Schank, docente investigador estadounidense; Francesco Tonucci, pensador italiano, expresan en la actualidad propuestas renovadoras, aquí compendiadas.
Parten de la crítica al modelo pedagógico vigente donde prima el método transmisionista-conductista, con mínimas excepciones, una práctica centenaria donde el profesor es dueño absoluto del conocimiento trasladándolo al plantel con el fin de cumplir metas corporativas y conseguir resultados anteriormente planificados por él mismo. El estudiante es receptor pasivo y silencioso del discurso, limitándose a tomar apuntes de lo dicho o escrito en el tablero, para memorizarlo en una aburridora rutina cotidiana. Así, el niño aprende a callar, pierde curiosidad y actitud crítica frente a los nuevos planteamientos. Hasta el orden sucesivo de los puestos, en el aula, es desmotivador cuando lo ideal es la localización en círculo para una mejor interacción grupal.
Son falencias palpables a corregir: el docente versado solo en este tipo de metodología, equivocaciones en la obtención e interpretación que alteran la transferencia final de las ideas, promover la conservación memorística de los enunciados, el afianzamiento en esquemas didácticos prediseñados. Ahora, toda la información se encuentra en los “buscadores” de internet. Ejemplo: en lugar de disertar en soliloquio sobre la ley gravitacional, proponer una investigación: ¿por qué se caen los objetos? El alumno aprehenderá a trabajar en grupo, a desarrollar habilidades en el manejo tecnológico para la búsqueda informática, a corroborar su evidencia, organizar y exponer el informe concluyente. El maestro innova y todos ganan.
Se carece de políticas educativas pertinentes al momento histórico vivido. Destacable los movimientos gremiales exigiendo cambios al Estado, pero son de carácter coyuntural. Se necesitan reformas estructurales de fondo en los propósitos de la enseñanza escolar, los modelos pedagógicos, los sistemas evaluativos, la dirección del currículo, la capacitación del docente, entre otros. Cada ministro llega con iniciativas personales, no institucionales; por ende, fácilmente revocables. Para nuevas problemáticas aparecen nuevas asignaturas a manera de islas, saturando el pensum de contenidos efímeros. Además, los proyectos pasan por el consentimiento de los congresistas, y bien sabemos el grado de corrupción e ignorancia manejado por gran parte de ellos.
No se puede negar el valor del transmisionismo en la estructuración del ser humano; el problema se encuentra en hipertrofiar lo cognitivo y despreciar otros espacios del pensamiento. En la era del internet es absurdo guardar en la cabeza, por ejemplo: los ríos del África, la tabla periódica, las guerras de Peloponeso, los pintores renacentistas o las funciones trigonométricas; como lo propone, en forma desacertada, la escuela tradicional. Ahora todo está al alcance de una tecla. El cerebro humano se perfeccionó para visualizar, discernir, crear, no para acumular datos. De esto bien se encargan los dispositivos modernos USB o los discos duros.
“Si lo pretendido enseñar se encuentra en Google, estamos perdiendo el tiempo.” “Grabarse lo símbolos de los elementos químicos solo sirve para contestar el examen del profe o para resolver crucigramas.”
En lugar de horarios repletos de asignaturas desarticuladas entre sí, debiera existir un gran bloque transcurricular conformado por tres grandes áreas: pensamiento, comunicación y convivencia, donde el niño se capacite en competencias que le sean útiles para desafiar el frenético estilo de vida moderno.

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