LAS 16 SILLAS VACÍAS.


Por: Omar Orlando Tovar Troches –
ottroz69@gmail.com –

Al momento de escribir estas notas, las llamadas Curules del Congreso para Las Víctimas del Conflicto colombiano, se hallan en un insoportable, indignante y grosero limbo. Una vez más el afán politiquero de polarizar la reconciliación entre los colombianos y colombianas; parece estar por encima de cualquier consideración de justicia, de equidad o de simple humanismo.

Los mandaderos del soberano, es decir los congresistas, sin rubor en la cara, si es que alguna vez lo tuvieron, atentaron de manera aleve contra el proceso de paz en Colombia. Algunos y algunas congresistas, sin recato, sin vergüenza, le dieron la espalda a los millones de víctimas de los conflictos, económicos, políticos y armados que padeció y aún padece la Nación colombiana. Enceguecidos por su afán populista de extrema derecha, plagado de mentiras, cizaña, pos verdades y el odio sembrado por los viudos del poder; los y las congresistas que no fueron a trabajar en la sesión del Senado en la que se le daría la aprobación a la última conciliación del proyecto de paz en mención (Las 16 curules), re-victimizaron por enésima ocasión al pueblo colombiano.

Ahora los voceros de los mandaderos del soberano, impostados con una dignidad que hace rato ya no tienen, tratan de enredar con argumentaciones político-jurídicas falaces, su obligación de cumplir con las reglas que ellos mismos se impusieron, en uno de esos arranques de populismo maquillado, cuando implementaron la famosa “Silla Vacía” para aquellos colegas suyos; que fueran sancionados por su consuetudinaria delincuencia. Hoy, por arte de una amnesia muy conveniente, olvidan que esas curules, ya no contaban para el famoso Quorum.

Desafiante, el mandadero Presidente de la Cámara de Representantes, con tono altanero, amenaza con poner la queja ante la Comisión Interamericana de Derechos, dizque porque vía judicial, el gobierno y las víctimas, pretenden “arrodillar” a tan solemne y celebre congreso, ocultando de forma habilidosa, su muy sospechosa falta de diligencia a la hora de darle trámite en la Cámara Baja, a los proyectos de implementación del Proceso de Paz, y digo sospechosa en tono irónico, puesto que a todas luces, no hizo más que hacerle el mandado a su jefe ´político del Cambio Radical, el candidato presidencial “coscorroneador”, ahora en plan de más uribista que el expresidente Uribe Vélez.

La división de los poderes públicos, como sistema de pesos y contrapesos, inventado por allá por la época de la Revolución Francesa, se inventó para eso, para que cada una de las ramas del poder le hiciera el contrapeso necesario a las otras, con el fin de evitar sus excesos, sin embargo acá en la tierra del sagrado corazón, cada vez que alguna rama ejerce esta función, es acusada por las otras de atentar contra la democracia más antigua y estable de Latinoamérica, cosa debatible, desviando de paso la atención sobre sus abusos. Esto ya se vio recientemente en tiempos del gobierno de Uribe Vélez, cuando envalentonado por las encuestas, enfilo baterías, balas, amenazas y micrófonos contra el poder judicial, cada vez que veía arriesgado su poder.

A estas alturas, no se sabe si el Estado Colombiano, esta vez en cabeza del Congreso, le va a cumplir a las víctimas de los conflictos. Está en manos de las víctimas, azuzadas muchas de ellas, por los otros mandaderos de la derecha populista, decidir en las próximas elecciones, si van a continuar otorgándole las armas a sus victimarios, para que continúen acabando con su dignidad y su vida, a pesar de que les den sillas y voz en programas de radio de madrugada.

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