Los muertos que vos matáis, hoy gozan de buena salud.

Por: HERMES FERNEY ÁNGEL PALOMINO –

En la ciencia política, la realidad social es el laboratorio que permite confrontar teoría y práctica, es la juez que absuelve o condena. En ese sentido, una interpretación de la teoría marxista fue puesta en práctica tras el triunfo de la revolución bolchevique y las posteriores revoluciones pro-comunistas, sin embargo, tras la caída del muro de Berlín y el desmoronamiento de la Unión Soviética, esta teoría es literalmente sepultada, para dar paso nuevamente a las teorías pro-capitalistas: El fin de la historia, la globalización y el catecismo del libre mercado, es decir, un capitalismo de nuevo cuño llamado neoliberalismo.
Pero después de cinco lustros de hegemonía capitalista, las bondades del libre mercado ahogan al ochenta por ciento de la población mundial, las crisis económicas son recurrentes, el fenómeno migratorio es cada vez más asfixiante, la Unión Europea se resquebraja, las potencias económicas se lanzan sobre el Medio Oriente para apoderarse de su petróleo a sangre y fuego, la miseria azota a los países que conforman el patio trasero capitalista. Las estadísticas macroeconómicas actuales no respaldan las teorías pro-capitalistas, y por tanto, se hace evidente que este sistema no es capaz de dar cumplimiento a lo que predicaban sus teóricos, la igualdad y la justicia brillan por su ausencia, la brecha entre ricos y pobres es cada vez más grande y el pretendido remedio se convierte en la enfermedad que agobia y mata a millones de seres humanos en el planeta.
En este confuso escenario las teorías pro-capitalistas parecen ceder. A finales del siglo pasado se daba por sentado que el marxismo había muerto, mencionarlo era una especie de anacronismo, era el momento de archivar dicha teoría en los anaqueles de la historia, en el gabinete de las utopías.
Pero el marxismo -ese cadáver insepulto- como el ave Fénix renace de entre las cenizas y vuelve a convertirse en el referente teórico de apologistas y detractores, vuelve a ser tema obligatorio para quienes pretendan analizar seriamente los sistemas socioeconómicos. La utopía marxista parece ser el derrotero, el camino a seguir –como nos enseñaba Galeano-, no para aferrarse dogmáticamente, sino para servirse de ella como un método de análisis y de confrontación permanente con la realidad. Por tanto, a los sepultureros del marxismo, les podemos decir cáusticamente: Los muertos que vos matáis, hoy gozan de buena salud.

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