MARCO ANTONIO…LA PROTESTA SOCIAL NO ES TERRORISMO.


Por: Omar Orlando Tovar Troches –
ottroz69@gmail.com –

“Como ciudadano del siglo XXI nunca entenderé la vieja lógica de los guerrilleros de ayer que mataban, secuestraban, taponaban vías, volaban viaductos, contaminaban ríos solo para llamar la atención, o con el pretexto sórdido de que todos sufran los que ellos sufren…”
Marco Antonio Valencia en: http://blogs.elespectador.com/actualidad/la-casa-encendida/cauca-taponar-las-vias-nos-separan

La firma del pacto de La Habana y Cartagena de Indias, que le puso fin al conflicto armado entre la ahora desmovilizada guerrilla de las FARC-EP y el Estado Colombiano; tiene como una de sus primeras consecuencias tangibles, la visibilización plena de esos otros conflictos sociales que históricamente alimentaron y alimentan los conflictos armados restantes que padeció y aún padece la Nación Colombiana.

Esta sociedad colombiana del siglo XXI, está atravesando una muy particular etapa de cambio. Atrás va quedando la eterna disculpa institucional para el atraso, la inequidad y la violencia cotidiana del País del Sagrado Corazón, encarnada en la guerrilla comunista Fariana. Saltaron al primer plano de la opinión pública de base, esos otros combustibles que incendian diariamente el acontecer nacional: La corrupción, la histórica ineficiencia gubernamental en todos los niveles territoriales y los mezquinos intereses económicos del modernísimo notablato Criollo.

La nación colombiana está transitando el difícil camino de des-aprender las lógicas cobardes de la guerra y la del total conformismo, con las que nos han enseñado a afrontar los desacuerdos entre los miembros de la sociedad civil y entre ésta y la institucionalidad. Para infortunio de más de un idealista aspirante al conformismo eterno, la Paz, con mayúscula, no significa la falta de conflictividad, ni mucho menos la homogenización de las mentes de los miembros de la comunidad, la Paz es todo lo contrario, es reconocer y aceptar que existen desacuerdos y que se pueden afrontar partiendo de un principio social fundamental: El respeto.

Este respeto, a su vez significa validar la existencia de un o unos otros diferentes por fuera y por dentro a nosotros mismos, es aceptar la existencia de otras formas de entender y asumir la realidad objetiva y subjetiva de cada persona por fuera de cada individualidad particular.

En este especial momento de la historia reciente de Colombia; pretender acallar los estallidos sociales que a lo largo y ancho del país se presentan, apelando a negar su existencia, aduciendo la necesidad de no molestar al vecino, revela que falta mucho tramo para lograr entender y vivenciar el respeto y la tolerancia por esas otredades, que a pesar de nuestra lógica del avestruz de enterrar la cabeza en la arena y pretender que nada pasa, existen y reclaman con justeza, ser oídas y atendidas, ahora que un buen número de fusiles y bombas silenciaron su atronador y terrorífico ruido.

Las buenas gentes de Colombia, que son la inmensa mayoría, no pueden ni deben caer nuevamente en la trampa de señalar hacia el lado equivocado. Esas mayorías deben entender que los cientos de miles de colombianos que no viven en la comodidad de la casi inexistente clase media urbana, consumidora de desinformación y de pos-verdades y que han sido una y otra y otras tantas veces victimizadas por la corrupción y la mezquindad de la clase dirigente colombiana, no merecen ser re-victimizadas por causa de ejercer su constitucional derecho a no estar de acuerdo y a protestar. A estos otros paisanos y paisanas colombianas, nuestro también histórico conformismo y desinterés, los ha llevado al extremo de escoger entre morirse de hambre por nuestra indiferencia y la corrupción de la dirigencia colombiana o salir a las carreteras para exponer su integridad física y hasta sus propias vidas, a manos de algunos agentes de un gobierno que hasta ahora no hizo, ni ha hecho nada por cumplir con su obligación de proteger su dignidad, esa otra cosa rara que se necesita para lograr la verdadera Paz, con mayúscula.

Así que, Marco Antonio, pretender que los eternos politiqueros del Cauca, de Antioquia, del Valle, de toda Colombia, vayan a liderar un verdadero proceso político de reconciliación nacional, no es nada más ni nada menos que otra pos verdad, y pretender que las movilizaciones sociales deban hacerse en asambleas encerradas y ojalá en silencio, es casi como afirmar que deberían ser tratadas de formas similares a las que se usaban en tiempos del ubérrimo, según las cuales, todo aquel que no estaba con el mesías paisa, estaba en su contra y por ende era un terrorista de cuello blanco. No Marco; salir a las calles a protestar no es un acto terrorista

¡Tu opinión es importante!