MI PUEBLO NO CELEBRÓ LA PAZ.


Por: Omar Orlando Tovar Troches –
ottroz69@gmail.com –
En Santander de Quilichao Cauca, como en muchas partes del territorio colombiano, la ceremonia, o mejor, el hecho de la dejación de armas por parte de la ex guerrilla más vieja del continente (FARC-EP), como punto culminante de lo que va del tan anhelado proceso de paz, entre el gobierno nacional y este actor de la violencia colombiana, no causó ni el más mínimo asomo de alegría, ni mucho menos de celebración.
El asunto no es de poca monta, de hecho, medios internacionales de probada seriedad periodística, notaron la desidia, la apatía y hasta el enojo que el fin de una de las guerras colombianas, suscita en buena parte de la dirigencia política tradicionalista de esta tierra (ver: http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-40396081).
En serio, ¿cómo puede ser posible que uno de los países más felices del mundo, no esté feliz con el muy probable arribo de la paz en su territorio?, las respuestas pueden ser tan diversas y tan complejas como la misma nación colombiana. Para este servidor, es factible que una de las razones para que en lugar de risas y lágrimas de felicidad, existan ceños fruncidos, labios apretados y rostros con rictus de odio en torno al proceso de paz con la ex guerrilla de las FARC; se deba a esa cosa vieja con nuevo nombre: la cacareada pos verdad.
Estudios estadísticos de prestigiosas universidades colombianas, han mostrado cómo, esta entrega de armas personales por parte de las FARC, ha sido el evento más exitoso en lo referente a procesos de desmovilización y desarme en Colombia, sin embargo, los gurús de la demagogia, el chisme, la falacia, la verdad embolatada, es decir la pos verdad, alinderados en las huestes uribistas, han arremetido de manera exitosa, en contra de este hito histórico, basándose únicamente en la pretendida incoherencia contable-discursera de Santos y un “terrible” futuro lleno de “qué tal si…”. Insisten en oponer sus odios viscerales y su hambre de poder por encima de los verdaderos intereses del pueblo colombiano.
Como toda construcción humana, este proceso ha tenido y tendrá muchos yerros, no complacerá a muchos y será muy demorado y, teniendo en cuenta el éxito que han tenido los guerreros de la falacia, al inculcar de manera metódica miedos infundados en las mentes y voluntades de los desprevenidos consumidores de medios y redes de comunicación, es posible que logren instaurar una vez más, una polarización artificial, de la que aspiran, de manera vulgar y desvergonzada, sacar réditos electorales, en los próximos comicios legislativos y presidenciales.
Claro que existen otras razones que pueden explicar las causas por las cuáles, el feliz pueblo colombiano no sonríe frente a un futuro en paz, sin embargo, es necesario insistir en la urgencia de seguir intentando alcanzar la reconciliación nacional, es preciso empujar el coche, que no la locomotora, del posconflicto, teniendo en cuenta que el paso dado con las FARC, es apenas un primer paso en este largo y desafortunadamente tortuoso camino.
La cosa frente a los amos de la pos verdad es tan compleja, que no bastan los llamados al desapasionamiento, a la reflexión, al análisis pormenorizado de la realidad, para re enrutar nuestra sociedad, también es necesario imprimirle audacia, originalidad, alegría, risas y hasta amor a estos intentos de reconciliación, cosa bastante ardua si nos atenemos a la triste realidad de nuestro país, en la que hasta los payasos (no confundir con algunos políticos) protestan por falta de trabajo.

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