No más polarización


Por: Juan Carlos López Castrillón –

Estamos a una semana de elecciones de congreso y el país vive un ambiente que ha profundizado esa polarización política existente desde hace varios años, la cual ha generado distintos daños a un país de por sí afectado por una violencia de décadas, impactando la economía, fragmentando la ya débil unidad de los colombianos y generando una situación de incertidumbre que no vivíamos desde hace mucho tiempo.

Los incidentes de violencia en Cúcuta y Popayán contra el candidato Gustavo Petro y el Senador Álvaro Uribe, lo que demuestran es que estamos muy lejos del espacio de tolerancia que se necesita para construir el nuevo país del Posconflicto.

Lo peor es que estos hechos mandan un mensaje a toda la sociedad y su réplica en la geografía nacional nos deja temblando al lado de un barril de pólvora, en donde tenemos factores nuevos que hacen parte del menú de nuestros problemas, tales como Venezuela y los 650.000 desplazados que nos han llegado huyendo de la terrible crisis que se vive en el país vecino y que seguirá creciendo en la medida que la dictadura de Maduro se mantenga.

Ante esa fragmentación e intolerancia que estamos viviendo debemos recordar que “toda decisión tiene un precio” y que lo peor que nos puede pasar es prolongar la mencionada polarización política, ya no entre afectos y contradictores al gobierno, sino entre “los que tienen y los que no tienen”, una nueva categoría resucitada que hace años bautizaron con un mal nombre, llamado “lucha de clases”. Este factor, al lado de nuestro barril de pólvora, se convierte en un detonante.

Entonces ¿cuál es nuestra responsabilidad? Tenemos varias opciones: podemos convertirnos en atizadores de este fuego que ha empezado a arder y que beneficia a los extremistas, podemos mantenernos en la comodidad de la indiferencia, o podemos ayudar a construir la convivencia.

Un viejo axioma de la administración dice que en momentos críticos debemos concentrarnos en nuestras fortalezas y no en superar nuestras debilidades. Me explico: en este momento no hay mucho tiempo para creer que vamos a conseguir desarmar las emociones de quienes exaltados lanzan piedras en la calle o insultos en las redes sociales, hay que apuntarle más a lo que nos une y hacer causa común en temas positivos, repito, concentrarnos en construir sobre nuestras fortalezas.

Ahí viene la pregunta: ¿cuáles fortalezas? La respuesta es variada. Afortunadamente tenemos muchas opciones, pero una de las más importantes es lo que somos, un pueblo trabajador, recursivo, lleno de liderazgos a todo nivel, que ha sido capaz de reinventarse varias veces a través de su historia, y que en este momento se apronta para tomar decisiones importantes que afectarán la próxima generación de colombianos.

Esta tarea le compete tanto a quienes asuman las responsabilidades políticas en este año, como a todas las instancias del poder, y en ello hay que entender que el poder no sólo es el de los actores del establecimiento, hoy esa instancia tan compleja llamada Poder, se ha subdividido y tiene un amplio arraigo en el tejido social.
Con todos esos protagonistas hay que hacer un alto en el camino después de lo que viene el 11 de marzo y las presidenciales, para construir consensos, que deben tener también una expresión en lo regional, que posibiliten una agenda básica común que tanta falta le hace a este país.

Podemos tener diferencia en muchos temas sobre el devenir de Colombia o las regiones, pero no podemos borrar los avances que sobre materias tan importantes como La Paz se han empezado a construir, y ese ejercicio de pronto va a ser más fácil construirlo desde lo regional hacia lo nacional.

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