NO TODOS SOMOS INDIGNADOS

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Por: Omar Orlando Tovar Trochez – ottroz69@gmail.com

Arrinconados y contrariados; nos tocó vivir la final del futbol profesional colombiano, a quienes detentamos la condición de miembros a prueba del Combo del Ayer de nuestro Parque Central. Asumimos el arrinconamiento hacia las periferias del parque por voluntad propia, puesto que los mejores lugares han sido invadidos por: vendedores ambulantes, ostentosos y ruidosos propietarios de equipos de sonido rodantes, por una oscura y joven multitud de consumidores de narcóticos y por ocasionales hordas de hinchas del futbol. La contrariedad, para quienes a nuestra edad nos autodenominamos “gente de bien”, fue causada por la medida tomada por la administración municipal, consistente en prohibir la venta de bebidas espirituosas, dizque para prevenir los desmanes de los angelitos y angelitas pertenecientes a las barras de futbol. La contrariedad y el arrinconamiento nos llevaron entonces; hacia otros confines de la charla.
Santander de Quilichao tiene una extraña dualidad. De un lado; por ser el cruce de caminos del norte del departamento del Cauca, es una región a la que le han llegado muchos de los problemas de la Nación colombiana, en ellos por ahora no hay que detenerse mucho, líneas arriba ya se mencionaron algunos, sin que hasta ahora se vea un inmediata solución. Por otro lado; las gentes que habitan este municipio, parecen darle la espalda a los grandes fenómenos políticos y sociales, no sólo de Colombia, sino del mundo. En términos más simples; parecemos recibir sin objeción todo lo malo de la sociedad colombiana y somos indiferentes con todo lo que implique algún tipo de avance o movimiento social. Los contertulios llegamos a tan contundente conclusión luego de hacer simples ejercicios de observación de nuestro diario acontecer, por algo ya somos parte del ecosistema de las palomas caídas.
Alrededor del mundo se vienen presentando múltiples manifestaciones de descontento por diversos motivos; por la corrupción, por la falta de democracia, por el desempleo, por la violencia, por la pobreza, por etc., etc., y todos estos descontentos tiene como protagonistas a personas arropadas bajo la denominación de: LOS INDIGNADOS. Santander de Quilichao, el Cauca y Colombia en general, han sufrido históricamente estos males, pero, a pesar de que muchas personas de nuestro país se han sumado a estas “primaveras”, los Quilichagüeños; o no se han dado por entendidos o no quieren hacer parte de estas tendencias humanistas del siglo XXI, por el contrario, día por día asisten; impasibles y con altísimas dosis de resignación e incluso complicidad, al espectáculo de la falta de convivencia ciudadana, al desorden comunitario y al aplauso de los malos comportamientos de los miembros de ésta sociedad en particular, de nada sirven los llamados a la solidaridad y la auto regulación, la ley del más fuerte y la cultura de lo fácil y rápido campean por Quilichao. Es posible que estas “sesudas” observaciones, de nosotros los aspirantes al Combo del ayer, estén impregnadas por la nostalgia de ése; nuestro ayer de: Animalandia, de ALF, de Los años Maravillosos, de El Chavo del Ocho, de Kaliman, de La Ley contra el Hampa, de Sábados Felices o de Dejémonos de Vainas, de ésos tiempos cuando también teníamos veinte años. Es muy posible. Pero el hecho de que los índices de muertes, de heridos y de inseguridad sean tan altos, de alguna manera nos dan la razón, la pregunta que resulta es la siguiente: si todas las cosas que indignan al resto del mundo, también nos pasan aquí, en Santander, ¿por qué a nosotros no nos indignan? Algo pasa. O lo que pasa es que son tiempos modernos y mis contertulios y yo, así no seamos los más viejos del pueblo, ya somos los “cuchos” del Parque de las Palomas Caídas.
COLETILLA
Quisiera desear que; el nombre, las acciones y el lustre del Periodista ; ANTONIO JOSE CABALLERO VELASCO; sean recordados por un muy largo tiempo por todos los Quilichagüeños de nacimiento y por adopción, que su obra perdure más allá de las malquerencias de muchos de sus “paisanos”, quienes osaron denostar su honradez, su compromiso y dolor de Caucano, cuando puso públicamente; el dedo en la llaga de ese cáncer que carcome nuestra juventud : el micro tráfico y la drogadicción que se tomaron ésta, su natal tierra.
Conmemoremos su vida.
Paz en su tumba.

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