Nos hace falta caucanofilia


Por: JAIME BONILLA MEDINA –
jaboneme@hotmail.com
– En el ámbito de la opinión local se percibe un común denominador: la preocupación por la situación crítica en nuestro Departamento; que, de laboratorio de paz, pasó a ser una bomba social.
El conflicto se remonta a las épocas del dominio español cuando la tierra pasó de ser un bien común entre los nativos, a títulos propiedad de la corona. Latifundistas y desplazados ha sido el eterno enfrenamiento, agravado en las últimas décadas por la presencia de grupos guerrilleros, bandas criminales y narcotraficantes. Este complejo escenario nunca ha podido despejarse por los gobernantes; pues, o han sido auspiciadores de la explotación o artífices de acuerdos quebrantados.

Son seis las disconformidades existentes: 1. Recuperación de tierras. El Cauca tiene una extensión de tres millones de hectáreas donde habitan 250.000 indígenas en 20 resguardos, que suman 700.000 hectáreas; y 270.000 pobladores negros en 42 consejos comunitarios con otras 700.000 hectáreas. O sea, las etnias ocupan el 40% del Departamento. Gran parte corresponde a reservas naturales intocables en las faldas de las cordilleras. En últimas, un déficit de 20.000 hectáreas ofertadas en la planicie cultivable, compromiso incumplido desde la masacre del Nilo-1991. De aquí surge “la minga por la recuperación de la madre tierra”, que ha recobrado 3.000 hectáreas en predios productivos del norte (zonas francas, parques industriales y fincas cañeras) a fuerza y sangre, pues consideran les pertenece ancestralmente.

2. Líderes asesinados. En 2016 fueron asesinados 117 líderes sociales en Colombia y 43 de ellos ocurrieron en el Cauca. En este año la cifra asciende a 13 promotores muertos. El Departamento es tercero en homicidios de líderes, después de Antioquia y Norte de Santander.

3. Nuevos grupos violentos. Acá existen tres grupos narcoparamilitares en 30 municipios: el Clan del Golfo (13), Las Águilas Negras (11) y Los Rastrojos (6). Son los presuntos responsables de los asesinatos a dirigentes sociales. Además del reconocido Eln, recientemente se detectó una disidencia de las Farc: Patria Grande-EP, ubicada hacia el nororiente.

4. Minería ilegal. De los 42 municipios caucanos, 38 explotan el oro y solo cinco están autorizados. El restante es un negocio ilegal que produce siete toneladas anuales con el agravante de la destrucción de fuentes acuíferas, páramos, bosques nativos y contaminación ambiental con mercurio.

5. Cultivos ilícitos y narcotráfico. En la zona se cultiva el 9% de la coca en Colombia, es decir 12.595 hectáreas y está presente en 22 municipios. Por el desarme de las Farc se incrementaron en Argelia, primer productor, y la costa pacífica. Además, están los cultivos de amapola con 162 hectáreas y los invernaderos de marihuana en el norte.

6. Problemática general. Cifras como la participación del PIB del 1.8%, índice de pobreza del 50%, además de las altas tasas de desempleo, bajas en educación y calidad en salud hacen figurar al Departamento en los últimos lugares en desarrollo.

Nos permiten el neologismo, pero requerimos más “caucanofilia” (de caucano: propio de la región y phylos: amar). Nos han hecho creer que el problema es entre los citadinos patojos y los indios secuestradores de Popayán; cuando bien sabemos que, los verdaderos responsables del marginamiento y de este injustificable atraso, son los gobernantes promeseros y corruptos que disfrutan tranquilazos de las mieles de la burocracia centralista, y de quienes todos hemos sido víctimas. Precisamos crear un movimiento unificador de esa indignación dispersa, que plantee un pliego petitorio común, acogedor del sentir del indigenismo, negritudes y mestizaje regional. Un colectivo que surja de la base y no de tanto oportunista a derrotar y remplazar en los próximos comicios, si pretendemos construir un Cauca ecuánime y pujante. ¡Seamos más caucanófilos!

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