¿Padres o parceros?.


Por: JAIME BONILLA MEDINA –
jaboneme@hotmail.com
-Estamos viviendo un rediseño de la estructura jerárquica al interior del núcleo familiar donde se observa un viraje hacia la laxitud en la disciplina ejercida por los padres. (El término padres encierra el binomio biparental papá – mamá). Los roles rígidos de otrora cambian con el trascurrir del tiempo a modelos amistosos en la relación con los hijos.
En la era prehispánica no existía la familia nuclear biparental, las tribus eran agrupaciones individualistas. Este prototipo emergió con la figura renacentista de la Sagrada Familia y fue implantado durante la colonia española en nuestro continente. Hasta mediados del siglo XX existía una composición hogareña de tipo piramidal con un jefe paterno insensible, responsable del sustento, autoritario y represivo; una madre, en nivel inferior, afectuosa, encargada de los oficios domésticos y sumisa; y en la base: los vástagos respetuosos y obedientes.
Por múltiples condiciones socioeconómicas y culturales, aparecen compromisos que obligan a dar un giro a este andamiaje vertical, tornándolo más equivalente con el consecuente desajuste y surgimiento de nuevos roles en su conformación. Se estila, ahora, una familia “amigable” con nivelación jerárquica de las funciones. ¿Serán, estos cambios, benéficos en la educación de los futuros líderes sociales?
Los psicólogos infantiles y puericultores expresan que el meollo del fenómeno está en las diversas concepciones de amistad intrafamiliar interpretadas por los padres. Para algunos es la disminución de las exigencias conductuales con una disciplina más blanda; para otros es un aumento de los espacios de diálogo; algunos consideran la abolición del castigo físico y menos disparidades interpersonales; y hay quienes llegan al extremo de la concomitancia de funciones.
Es favorable una interacción padres-hijos colmada de cordialidad y afecto; el error está en entender esa amistad como si ambos vivieran las mismas experiencias, olvidando la brecha generacional e ignorando la diferencia de roles. Los adultos de hoy son más permisivos en la crianza “para que no sufran, sus muchachos, las mismas necesidades y maltratos padecidos por ellos”. Además, la escasez de tiempo hace que la tutela de los pequeños sea compartida con terceros y se compense esta desprotección con ofertas materiales. Por mucha simpatía establecida, siempre habrá́ diferencias: unos son padres y guías y otros son hijos y caminantes.
Para retomar el papel del progenitor se debe crear modelos de vida. Convendrá ser persona referente de forma voluntaria; es decir que, para el joven, el ejemplo sea una sugerencia de donde asimilará mucho, cuestionará parte y rechazará algo, para el enriquecimiento de su personalidad.
La relación igualitaria puede ser benéfica por el diálogo abierto y la disminución de distancias, pero lleva al error si es exagerada: sobrevendrán los chicos exigentes e impositivos. Es necesario que los menores sientan la necesidad de personas superiores que los orienten, protejan, aleccionen y acompañen hasta la adultez.
Tener éxito en el papel de padres requiere de un comportamiento coherente. Confianza, amistad, cariño y respeto recíprocos. Diálogo. Sinceridad. Apertura al cambio generacional. Disminución de premios materiales. Relato de vivencias, confidencias y antecedentes. Reconocimiento de errores mutuos y corrección propositiva. Respeto a la intimidad e individualización de la formación.
Con autoridad, no autoritarismo, se logra un norte en la educación. Estamos levantando juventudes intolerantes a la frustración, ansiosas, inseguras y manipulables, por desconocer la disciplina del no. Para lograrla, basta unas pocas normas útiles, alcanzables, llenas de sentido común y obligatorias.
Decía el psicólogo Bruno Bettelheim: “La familia tiende a ser “democrática” … pero una democracia especial porque, aunque todos somos solidarios e importantes, no somos iguales y no podemos serlo”.