Reflexiones.

Por: CARLOS E. CAÑAR SARRIA –
carlosecanar@hotmail. com

-Primera. En un Estado de derecho la ley es la que impera, independientemente que nos guste o no, que nos parezca éticamente buena o mala, que nos beneficie o que nos perjudique; dura es la ley pero es la ley y no hay más opción que acatarla y cumplirla. Uno de los objetivos fundamentales de la ley es su carácter de universalidad, en términos coloquiales, todos en la cama o todos en el suelo y la ley no privilegia a nadie, porque sería transgredir el principio de igualdad en los regímenes que se dicen democráticos. Por eso no es legítimo que ciertos actores y sectores sociales realicen protestas pretendiendo doblegar la autoridad para que se les permita la práctica cotidiana de acciones que se contraponen a los lineamientos del ordenamiento jurídico, así de pronto puedan resultar justos sus requerimientos y presiones. En el país no deben ponerse de moda este tipo de presiones a los gobernantes y autoridades que en lo que les corresponda no tienen otra alternativa que velar por el cumplimiento de la normatividad vigente. Es posible que algunas medidas de los mandatarios locales inspiradas en la ley, resulten impopulares cuando la verdad es que no pueden determinar otra cosa. El famoso imperativo categórico del filósofo Kant en últimas se circunscribe en el respeto a la ley, es decir, hay que respetar la ley y punto. Les corresponde a los legisladores construir las normas y es a estos a quienes hay que presionar y exigirles unas legislaciones para tener contentas a las mayorías.

Segunda. Uno de los presupuestos éticos de Aristóteles es el término medio, la autoridad hay que ejercerla pero no se puede abusar de ella. Muchas quejas se escuchan a raíz de la implementación del nuevo Código de Policía. Una sociedad al garete no sólo deslegitima al sistema sino también al régimen político. Bueno es el uso pero no el abuso. En las redes sociales se hacen virales frecuentemente escenas y situaciones de policías que abusan de su autoridad cuando se un trata de hacer cumplir las normas a las personas que se caracterizan por conculcarlas. El problema es que como se están volviendo reiterativas estas escenas, de seguir así la Policía, va terminar siendo odiada y de eso no se trata.

Es cierto que no son todos los miembros de la Policía, pero por pocos que sean, dan a entender que se trata de la institución en general. De ahí la necesidad de introyectar en los miembros de la Policía una pedagogía ciudadana donde la mesura, el buen trato, el respeto y consideración al otro sean lo consuetudinario. Desde luego que el mismo comportamiento se espera de la ciudadanía hacia los policiales; porque también eran comunes en las redes sociales ver escenas de acciones de irrespeto y atropello de la ciudadanía contra los policiales.

Tercera. Ahora que empezamos a ver por todos lados vallas y todo tipo de publicidad política con ocasión de las próximas elecciones legislativas de marzo, es preciso que las autoridades locales hagan respetar la ley en todo su rigor en lo pertinente. Y no sucede lo que ha ocurrido en pasadas ocasiones en que existe la ley pero no hay quien la cumpla ni la haga cumplir. Muchos políticos y politiqueros en materia de publicidad hacen lo que se les viene en gana pero nada pasa. En ciertos sectores de las ciudades, por ejemplo, aún hay propagandas exhibidas de elecciones pasadas, nunca fueron retiradas.

Cuarta. En varias ciudades de Colombia, por ejemplo en Bogotá, Medellin y Cali, son comunes las vallas con mensajes y enunciados que incentivan a la ciudadanía por el respeto de las normas, el amor a la ciudad, la defensa del medio ambiente, prácticas de tolerancia y respeto entre las personas; en fin, actitudes de una ética ciudadana que mucha falta le hace a Popayán, lo cual debieran imitar la Alcaldía y la empresa privada. En las localidades donde más se enfatiza la cultura ciudadana, las problemáticas se hacen más llevaderas, tramitables y solucionables. Quién lo creyera, pero muchos de los problemas de las ciudades modernas se podrían evitar o resolver con una buena dosis de cultura ciudadana. Donde más se inculca la cultura ciudadana los problemas son menos notorios y más fáciles de resolver o de evitar. Antanas Mockus en Bogotá y Sergio Fajardo en Medellín fueron ejemplos de priorización de la cultura ciudadana en sus respectivas administraciones. En la medida que crecen las ciudades éstas se hacen más caóticas :superpoblacion, desempleo, violación del espacio público, problemas de movilidad, el mal estado de las calles, contaminación, trabajo informal e ilegal; por eso, en muchas ocasiones, preferiríamos que nuestras ciudades no crecieran. La modernización económica en general hace crisis en la modernidad, es precisamente en esta última donde cabe la cultura ciudadana y el desarrollo social

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