Reflexiones


Por: CARLOS E. CAÑAR SARRIA –
carlosecanar@hotmail.com –

Primera. Estamos prácticamente a un mes de las elecciones presidenciales, muchas especulaciones en los medios de comunicación y en las redes sociales. Época de debates entre candidatos que miden sus fuerzas en el ámbito de la argumentación, aun cuando algunos poco argumentan respecto a los problemas más sentidos de la sociedad colombiana.

Segunda. Insistimos en afirmar que las encuestas son indicadores que miden la temperatura política en momentos coyunturales del espectro político. En el caso de nuestro país, las tendencias electorales pueden variar de un día para otro y esto señala que hasta el momento no hay nada en concreto, porque todo se resolverá el día de las elecciones. Lo único evidente hasta el sol de hoy es que Gustavo Petro estará en la segunda vuelta. Algunos analistas sostienen que es casi improbable que un candidato gane en la primera vuelta, bastante difícil pero no imposible. Que en los debates, Petro viene imponiéndose, tal como recientemente señaló Revista Semana.

Tercera. Desdicen, como es consuetudinario, los partidos políticos, cada vez más distanciados del papel de ser los intermediarios entre la sociedad civil y el Estado, fungen sólo como maquinarias electoreras. Duque critica a Petro de populista pero por lo visto, desconoce qué es populismo. Al candidato del uribismo le están criticando sus títulos de especialización en Harvard cuando la verdad es que son unos cursitos de cinco días. También le critican el envejecimiento “prematuro”, teñirse el cabello con canas para mostrarse más maduro y con mayor experiencia, acogiendo recomendaciones de asesores de imagen, que se duda hasta qué punto puedan tener efecto positivo en potenciales electores, pues la solución de los problemas de Colombia no está en las manos de quien tenga o no más cantidad de canas.

Cuarta. A Vargas Lleras sus partidarios lo están programando para la segunda vuelta, bajo el argumento que de lograrlo, se quedaría con la presidencia, en el supuesto caso que a Petro, quien demuestra habilidad en la argumentación y en el dominio de la plaza pública, le obstaculicen todos los caminos y la final fuese entre Duque y Vargas; pues muchos, ante el temor del regreso del uribismo al poder, preferirían votar por Vargas, con coscorrones y todo, así este no sea el santo de su devoción.

Quinta. Por su parte De la Calle sigue firme con su candidatura y su partido liberal igual. Es un tipo serio, estudioso, experimentado, gestor del proceso de paz, contundente en sus argumentos en los eventos de su campaña. Hay que esperar hasta dónde llega. Sin duda, De la Calle es uno de los candidatos más indicados, al igual que Petro en la lucha por el primer cargo de nuestra Nación.

Sexta. A los organizadores de los debates se les ha ido las luces, marginando a Piedad Córdoba y Viviane Morales, no se entiende esta omisión, toda vez que además de ser una acción excluyente y machista, es supremamente torpe. Una democracia que se respete no excluye a nadie; más si se trata de candidatos en una campaña presidencial. Situación que se debe remediar de inmediato porque así los debates pierden credibilidad, independientemente que los candidatos o candidatas tengan o no, opción de quedarse con el poder.

Séptima. Faltan muchas cosas por suceder de aquí a mayo próximo, el país espera que en lo que queda de campaña se realice en paz, que la gente tome conciencia de la responsabilidad del voto y que debe elegir bien pensando en el bienestar del país; dejar a un lado las descalificaciones mutuas entre candidatos y ganarse el favoritismo en la plaza pública y demás escenarios que las circunstancias permitan.

Octava. El Gobierno por su parte viene garantizando un proceso electoral en condiciones de paz y aunque es difícil hablar de su parte, de imparcialidad política, hasta el momento no se han suscitado sucesos que lamentar que nos puedan recordar épocas aciagas de nuestra historia nacional. Que Santos tenga su propio candidato, no sabemos.

Novena. En caso de que el liberalismo no apunte para la segunda vuelta, muchos aspiran que de quedar Petro, el Partido Liberal respalde a Petro, porque nada hay más parecido a la izquierda democrática que el liberalismo y viceversa. Sin embargo, la situación no es tan fácil ante los diferentes compromisos políticos que tienen los parlamentarios recientemente elegidos o reelegidos. Lo cierto es que el papel del liberalismo puede ser definitivo a la hora de definir la presidencia de la República. El programa de gobierno de Petro tiene muchas similitudes a los programas y principios liberales.

Décima. Por fortuna el discurso del castrochavismo está perdiendo eco, recurso desarticulado de la verdad que ya nadie está creyendo; incluso en la pasada Semana Santa de parte de algunos sacerdotes, se hizo la crítica a sus propulsores que equivocadamente piensan que podría tener el efecto que generó en el plebiscito.

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