Reflexiones


Por: CARLOS E. CAÑAR SARRIA –
carlosecanar@hotmail.com –

Primera. En la recta final se encuentran las campañas políticas en la lucha por la presidencia de la República. Encuestas por todo lado, las cuales en lugar de convertirse en indicadores objetivos, distorsionan la opinión pública. Las encuestas ponen a Duque y a Petro como favoritos. Sin embargo, la verdadera encuesta la conoceremos los colombianos el próximo 27 de mayo. En la puerta del horno se quema el pan.

Petro tiene muchas opciones de ganar, no sólo por el resultado de las encuestas en las que cada vez sube, sino porque viene demostrando que es todo un fenómeno político. Existen muchas dudas sobre el manejo de las encuestas que hacen Caracol y RCN.

De otro lado, paradójicamente, mientras sus detractores recurren a campañas de descrédito y difamación contra Petro, éste cada vez llena más las plazas públicas por los diferentes lugares que visita. Multitudinarias manifestaciones de apoyo a Petro, multitudes antes sólo vistas con Gaitán y Galán.

Son muchos los improperios que lanzan a cada rato en contra de Petro candidatos como Duque y sus adeptos, estos últimos vienen utilizando las redes sociales de manera despiadada. No obstante Petro sigue erguido, incólume en la plaza pública exponiendo sus propuestas de la Colombia Humana.

Segunda. Existen muchas críticas porque Duque está aprovechando la coyuntura electoral haciendo política contra el acuerdo de paz; y así manifieste no ser partidario de hacer trizas el tratado, no pocos son los que opinan que es eso lo que pretende El candidato del liberalismo, Humberto de la Calle, arremetió contra Uribe y contra Duque por ponerle obstáculos a los acuerdos de paz y predisponer a la población hacia una peligrosa guerra. Ante el apelativo de títere a Duque, Uribe ha enfatizado que Duque no es su títere y que en caso de ganar Duque gobernará con criterio y personalidad. Sin embargo, no se deja de pensar que dado el apego al poder de Uribe y el respaldo que Duque recibe de su mentor, será difícil que Duque gobernase con la debida autonomía.

Tercera. No hay condiciones reales para que algún candidato gane en la primea vuelta. Las encuestas dicen que Petro no tiene techo, pues siempre sube, que Duque sube pero hay momentos que se estanca. Seguramente por eso, no pocos tienen puestos los ojos en Petro, como un candidato de mucho peso que les produce miedo. De Vargas Lleras se dice que es el candidato de Santos y que en la actual coyuntura política Santos no emociona; ni Vargas, no sólo por lo de los coscorrones, que hasta buen presidente podía resultar Vargas pero que esta no es la ocasión.

Cuarta. El impacto de las maquinarias políticas será definitivo en una posible segunda vuelta. Incertidumbre por el comportamiento electoral de los indecisos, de los abstencionistas, de quienes han votado en blanco; de los partidos y de los movimientos sociales a la hora de definir el sucesor de Santos. Algunos partidos dejarán en libertad a sus militantes y adeptos, otros escogerán su candidato ante la coyuntura histórica, ante las circunstancias y ante las conveniencias diversas. No se sabe para dónde pegarán los demás candidatos presidenciales. Si la segunda vuelta es entre Petro y Duque, los demás candidatos a cuál de los dos respaldarían, en fin, habrá que esperar…

Quinta. Se espera que los colombianos asumamos la mejor decisión en la escogencia del próximo presidente, que no haya cabida a la manipulación, a la compraventa de votos; que la infamia y la calumnia no tengan eco electoral. La gente debe entender que hay que estar atentos a no comerles cuento a los mismos de siempre, a no acceder a las pretensiones de quienes basados en falacias pretenden vencer a los honestos. Es necesario que todos entendamos que la paz es el bien más preciado de toda sociedad civilizada. Que la paz no debe quedar hecha trizas, que no podemos involucionar a periodos aciagos de nuestra reciente historia republicana. La paz como derecho y deber constitucional debe ser la prioridad de quien asuma el poder el próximo 7 de agosto. Hay que entender que en un país moderno y democrático se hace proselitismo político basado en la verdad y en el juego limpio. Y no, como está sucediendo en Colombia, que la lucha por el poder se está haciendo mediante el odio, la intriga, la difamación de los contrincantes. Se espera garantías electorales, que no se vayan a presentar fraudes a la hora del conteo de los votos; el Gobierno y las autoridades electorales deben ser garantes de la pulcritud del proceso electoral. Que no se repitan errores de pasadas elecciones para que todo sea claro y transparente.

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