Reflexiones de fin de año.

CARLOS E. CAÑAR SARRIA
carlosecanar@hotmail.com
Primera. Definitivamente, a pesar de las dificultades, de una serie de obstáculos, de la pérdida del plebiscito a base de mentiras y engaños a la población, logró imponerse la voluntad de paz y salir avante un proceso que duró más de cuatro años de negociaciones turbulentas muchas veces. La presión de los opositores del acuerdo de paz entre la guerrilla de las Farc y el Gobierno, condujo a una renegociación del acuerdo que tuvo en cuenta las objeciones de los promotores del No liderados por el ex presidente Uribe, pero tampoco les dejó satisfechos el nuevo acuerdo, no obstante fue aprobado por el Congreso.
Ahora viene lo más difícil, la construcción de una nueva cultura, la cultura de la paz y de la convivencia civilizada entre los colombianos. Las denominadas causas objetivas y subjetivas de la violencia deberán tramitarse. La pobreza y la falta de apertura política paulatinamente tendrán que ir desapareciendo si es que en realidad los colombianos queremos una paz estable y duradera.
Pensamos que la mejor noticia de 2016 es la referida al tema de la paz. El país ahora, a pesar de las dificultades, puede mirar con relativo optimismo el horizonte. Hay que pensar ahora en el bien futuro y olvidar los horrores del pasado.
Segunda. El premio Nobel de Paz a Juan Manuel Santos contó con el beneplácito de muchos compatriotas y de la comunidad internacional. En realidad, es el reconocimiento de la comunidad internacional a los esfuerzos del Presidente por concretar la paz en un país sacudido durante más de cinco décadas por el horror y la violencia. Santos se la ha jugado toda por la paz, arriesgó su capital político, sacrificó su tranquilidad familiar y personal; bien merecido tiene el logro de uno de los premios más codiciados del mundo. El Nobel lo recibió a nombre de todos los colombianos y anunció que el dinero que recibiría sería destinado a las víctimas del conflicto. Nadie podrá desconocer que Santos ha pasado a la historia.
Tercera. Contrario a su promesa de campaña, Santos se impuso con la reforma tributaria, considerada lesiva para los estratos pobres, clase media y según críticos, beneficiosa para los ricos. El polémico proyecto fue aprobado por el Congreso. De acuerdo a estudiosos del tema, deja sinsabores a nivel gremial, político y entre los trabajadores debido a que es innegable la afectación al bolsillo de los colombianos. Reforma que comenzará a aplicarse a partir del próximo 1 de enero. Varios puntos han generado controversia, pero el más sentido es el alza de la tarifa general del IVA, que pasará del 16 % al 19%. Con este aumento los colombianos tendrán que pagar más en artículos de ropa, productos de belleza y aseo, repuestos automotores, electrodomésticos, servicios de telefonía y televisión, entre otros 130 productos. Mala noticia de fin y comienzo de año. No nos podemos imaginar cómo es posible hablar de un país incluyente y en paz, cuando se cercenan las más mínimas posibilidades socioeconómicas a una población en condiciones de pobreza y de miseria. En la opinión pública y en las redes sociales hay una masiva expresión de rechazo a una de las reformas tributarias más controvertidas e impopulares, como lo es la tributaria. Se dice que la ciudadanía-sobre todo los electores- deben tener en adelante los ojos bien abiertos para no respaldar con el voto a congresistas que aprobaron la reforma tributaria y que por lo tanto hay que castigarlos en las urnas electorales. Ojalá esto sea cierto, y no se quede en mera intención en las redes sociales y el día de unas nuevas elecciones se queden en sus casas, o los reeligen, o no salen a votar. País de masoquistas.
Cuarta. Mientras se aprueban reformas como la tributaria en detrimento de los ingresos y posibilidades socioeconómicas de los colombianos, a los congresistas se les sube vertiginosamente sus honorarios. Esto no sólo es injusto sino también perverso. El país está cansado de escuchar que una de las instituciones más ilegítimas y desprestigiadas del país es precisamente el Congreso de la República, sin embargo no ha sido posible su depuración; en primer lugar, porque el mismo Congreso ha sido renuente a hacerlo y en segundo lugar, porque el pueblo, denominado el constituyente primario, no actúa de manera consiente y responsable, eligiendo y reeligiendo a los congresistas de siempre. Hay excepciones desde luego, hay congresistas que se la juegan en defensa de lo público que ameritan ser respaldados.
Coletilla: Deseamos a nuestros amables lectores un Feliz Año. Gracias a ellos, seguimos manteniéndonos dentro del grupo de columnistas más leídos en el departamento del Cauca, tal como lo ha revelado varias veces Cifras & Conceptos, una de las empresas encuestadoras más importantes del país. Mientras Dios, la vida y los periódicos nos lo permitan seguiremos opinando con criterios democráticos.

¡Tu opinión es importante!