Reflexiones políticas

Por: CARLOS E. CAÑAR SARRIA –
carlosecanar@hotmail.com
– Primera. La falta de cultura política de los colombianos es aterradora. Por eso estamos como estamos. Por muchos años hemos fungido como uno de los países más violentos del mundo, cobijados y amañados en la denominada cultura de la violencia; es decir, caracterizados por la violencia en todos los sentidos: violencia partidista, violencia entre el Estado y las guerrillas, violencia urbana, violencia laboral, violencia contra el medio ambiente, violencia estatal, violencia intrafamiliar, violencia contra uno mismo, violencia en los espacios educativos, en fin, violencias…violencias, etc. Es menester empeñarnos en la construcción de una nueva cultura, la cultura de la paz.

Segunda. Los acuerdos de paz que el año pasado lograron ponerle fin al conflicto armado de más de medio siglo en nuestro país; se aspira ahora que prospere el deseo colectivo de superar o minimizar la violencia política y en este sentido el país pueda respirar con mayor tranquilidad. No obstante los ataques a los líderes sociales, situación obviamente censurable y preocupante, la zozobra que durante muchos años en todas partes se sentía prácticamente de manera paulatina viene desaparecido. Es posible que se sienta miedo pero no terror. Ello no significa que exista una paz completa o verdadera, puesto que para que se dé, se deben atender tanto las causas objetivas como subjetivas de la violencia, es decir, se debe terminar con la exclusión económica y la exclusión política, respectivamente; para cumplir esta tarea el postconflicto debe abonar terreno. Como no se trata de una sola violencia, la paz es obligación y responsabilidad de todos.

Tercera. Reiteramos que la escasa votación de la pasada consulta liberal, no sólo demuestra la crisis del liberalismo sino de todos los partidos. A todos los denominados partidos se les viene pasando una cuenta de cobro muy onerosa, que electoralmente se demuestra por los altos índices de abstención, que consecutivamente quitan legitimidad a los procesos electorales. Ya se sabe, por ejemplo, que para ganar la Presidencia de la República el próximo año, ningún partido puede hacerlo solo, de ahí la necesidad de las alianzas. La legitimidad la da el consenso que es precisamente de lo que más carecen los partidos. Es una lástima la crisis del Partido liberal por su trayectoria histórica, pues a pesar de sus múltiples errores y contradicciones, ha sido el único partido que ha sentado las bases para la modernización y la modernidad en Colombia. Que es necesario recurrir nuevamente a sus postulados filosóficos, actualizarlos si es el caso, depurar sus cuadros y sus prácticas, entre otros retos.

Cuarta. La Corte Suprema de Justicia en cuatro ocasiones ha llamado a rectificar a la senadora Claudia López, atendiendo procedencia de acción de tutela. No ha sido bien vista la actitud de la Corte puesto que se considera un atentado contra la libre opinión y en esto se incluye la libertad de prensa. El Espectador, en reciente editorial, al respecto categóricamente ha sentenciado. “La tutela no puede convertirse en la manera de silenciar las voces del debate público nacional y la Corte Suprema de Justicia (CSJ) ha incurrido en peligrosas extralimitaciones al momento de fallar en defensa del “buen nombre”. Los casos que involucran a la senadora Claudia López demuestran un preocupante patrón que amenaza la libertad de expresión en Colombia”. Y Agrega: “Para la CSJ, en todos los casos fue procedente la acción de tutela por la afectación del “buen nombre” de los mencionados por la senadora. Aunque, en efecto, hay un derecho fundamental al buen nombre que debe protegerse, ¿no hay ya en el ordenamiento jurídico mecanismos claros para resolver los casos límites de la libertad de expresión? ¿Por qué, si hay procesos por los delitos de injuria y calumnia, la tutela, que debería ser extraordinaria, va a entrar ahora a reemplazarlos?” Es cierto que la opinión constitucionalmente debe ser libre y responsable, pero preocupa sobremanera, la injerencia de CSJ, considerando procedentes tutelas en defensa del “buen nombre” cuando existen otros recursos legales para hacerlo.

Coletilla: Hay expectativas por la terminación del retorno en la Vía Pomona, falla que heredó el alcalde actual de sus dos inmediatos antecesores. Insistimos nuevamente en que es deber del alcalde César Cristián Gómez mediante las secretarías de Infraestructura y de Tránsito, tapar los huecos que la actual administración dejó en la vía al retirar los reductores de velocidad que temporalmente se colocaron mientras se construía y habilitaba la segunda etapa de la Vía. Quienes participamos como veedores de la construcción de esta controvertida obra y la comunidad de los barrios aledaños, miramos la actitud depredadora de la Administración Municipal, que daña lo que con tanto esfuerzo se ha construido y que sin embargo no ha hecho nada para remediarlo. La Vía Pomona es un bien público y no es bien visto que la misma Alcaldía dañe lo que se debe cuidar, proteger y mantener.

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