Se perdió el año


Por: JAIME BONILLA MEDINA –
jaboneme@hotmail.com

-No todo lo publicado en internet es basura o “chismología”. Por estos días me enviaron un video editado en YouTube y titulado: “Reflexión para los padres, libreta de calificaciones.” que invita a una sensata abstracción.

Narra la historia de un ejecutivo, que acude a la escuela de su hijo para la entrega de boletines, entre lamentos por perderse una reunión de negocios. Recibe el informe y mira sorprendido cómo todos los contenidos expresaban pésimas notas. Camino a casa va alimentando la ira; y al llegar, la emprende contra el niño a correazos, mientras profiere insultos por su mal rendimiento. Pasado el disgusto, la madre le pide leer la libreta con detenimiento. En ella decía: “Boleta de calificaciones para los padres”, y el pequeño lo había rajado en aspectos como: “Tiempo que le dedica a su hijo en conversar con él, en jugar, ayudar en las tareas, salir de paseo, contar un cuento antes de dormir, abrazarlo y besarlo, ver juntos la televisión.” El papá estalla en lágrimas y corre al cuarto del niño, todavía sollozante, lo abraza, pide perdón y él le contesta con un sincero: “Te amo papito.”

En anteriores escritos hemos advertido del cambio estructural y de conceptos en el modelo de crianza que ha ido permeando el núcleo familiar, el cual no escapa a la globalización cultural y económica, en una sociedad cada vez más materializada y de consumo. Múltiples son los factores causantes de la progresiva pérdida de valores, otrora cimientos de una vida familiar armónica y edificante. Desde la estratificación social creadora de paradigmas y falsas apariencias en una absurda competencia clasista por conservar un status, pasando por la igualdad de género mal interpretada, hasta la incorporación de manifestaciones culturales extrañas a nuestro contexto.

Es una cadena de errores en la crianza de nuestros hijos difícil de romper por la complejidad adquirida en todas estas variantes. La necesidad de un presupuesto familiar indispensable para el ascenso en la pirámide social, ha hecho que la pareja se comprometa con funciones laborales descuidando tiempo, dedicación y calidad en la compañía y educación de sus vástagos. Sumemos los movimientos feministas; justos sí, pero en ocasiones desenfocados, que pregonan igualdad de derechos y oportunidades de trabajo. Esto genera desconfianza y distanciamiento de los menores para con sus progenitores. Los chicos se ven obligados a la búsqueda compensatoria de consejería, afecto y escape en ambientes o personas poco favorables, muchas veces bordeando la delincuencia y malos hábitos. Por el lado de los mayores, predomina un temor constante a perder definitivamente el vínculo amoroso, lo que se traduce en un decrecimiento de la autoridad y una ascendente tolerancia al proceder del menor, hasta el punto de ser ellos quienes se imponen y los superiores quienes obedecen. Asimismo, aparece un afán por suplir el desafecto con adquisiciones u obsequios materiales.

Se detecta entonces un debilitamiento y caos en los roles a desempeñar dentro del protocolo familiar, urgente de restablecer; papel que deben asumir los progenitores conservando la categoría de jefes de hogar y educadores. Necesitamos crianza con amor, respeto mutuo, confidencia y afabilidad, sin maltratos, sin alcahueterías. El niño, en ocasiones, necesita más de un te quiero, un abrazo, un consejo antes que el último celular o videojuego, pero muchos padres no lo entienden así.

Razón tiene un escrito anónimo: “Si quieres estar mañana en el recuerdo y actuar de tus hijos, debes estar presente en sus vidas, hoy.”

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