“Ser Pilo Pega”

Por: JAIME BONILLA MEDINA –
jaboneme@hotmal.com

-Fiel a los postulados neoliberales, el gobierno de turno promueve la prosperidad económica en favor de unos pocos, dueños del capital privado, sin tener en cuenta el preocupante aumento de la desigualdad social. Lo condenable es que, en cuestión de derechos esenciales como salud y educación, impere el mismo criterio. Miremos lo sucedido con las universidades públicas y el Programa Ser Pilo Paga (SPP); benefactor, por cada año, de los 10.000 mejores estudiantes pobres a través de créditos condonables ICETEX.

Cuando el programa nació en el 2014, el gobierno Santos posicionó SPP como la más importante política pública del ejecutivo. Tres años después, debido a la crisis financiera, se embolató la subvención; entonces: a “repelar” el presupuesto de la educación superior. Hasta el 2015 el 100% del porcentaje recaudado por el CREE (impuesto sobre la renta para la equidad) iba a las tesorerías de la educación pública universitaria. A partir del 2016, con la aparición del SPP, los aportes se dividen. Para el próximo año se calcula un presupuesto 50% a las universidades y 50% para los “Pilos”.

¿Cuáles son los problemas? Primero, está demostrado que las medidas establecidas por una élite gobernante no son confiables, por lo general terminan socorriendo a sus afines. Recuerden Agro Ingreso Seguro. Anualmente se gradúan 550.000 bachilleres. El 93% pertenecen a los estratos bajos, o sea 480.000 estudiantes que necesitan apoyo estatal para continuar su formación. El programa SPP solo financia 10.000. No es tan estrella un programa que solo favorece el 2% de la población necesitada dejando 470.000 aspirantes en el limbo.
El 85% de los beneficiarios de SPP ingresa a los centros privados, son casi 10.000 estudiantes anuales totalmente subsidiados por el Estado. En resumen, del 2015 a 2017 el dinero asignado a las instituciones públicas bajó del 100% al 33% actual. La diferencia se destina a SPP y por consiguiente a los entes particulares. Así, el Estado invertirá para el 2018, la misma cantidad de dinero en los “Pilos” (un billón de pesos) que en los 655.000 alumnos de los claustros oficiales. “Con SPP el gobierno convierte a las universidades privadas en las EPS de la educación superior y a las universidades públicas en hospitales de caridad”, anota el analista Hernán Suarez. ¿Es justo?
Esta y otras fisuras tienen en vilo la sostenibilidad económica de varias instituciones educativas gubernamentales: el incremento de los aportes del gobierno se hace según el IPC, mientras la nómina laboral según el salario mínimo o escalafón docente. El crecimiento de la cobertura, tecnología, nuevas carreras, mantenimiento y ampliación de las plantas físicas, requieren mayores recursos, pero crece la desfinanciación. La recomendación es obtener ingresos propios; por lo tanto, privatizar la educación superior. Todo esto viene originando protestas del estamento universitario en todo el país.

Sin desconocer el valioso aporte del sector privado, las naciones prósperas han partido de profundas trasformaciones educativas fortaleciendo el sistema estatal. Es una necesidad trasladar los dineros de SPP a los claustros oficiales por evidentes razones: aunque los marcadores de calidad son similares, las públicas ocupan los tres primeros lugares lo cual tiene un invaluable plus de aptitud. No es lo mismo encumbrar estudiantes levantados en deficientes condiciones de formación básica, que contar con un sustrato de alumnos provenientes de contextos privilegiados. Los primeros fruto de la resiliencia, los otros del factor social. Es bien sabido que el esfuerzo y sacrificio depura imperfecciones, curte personalidades y forja valores. Según investigación reciente del Observatorio de la Universidad Colombiana, los profesionales más corruptos egresan de las instituciones privadas.
Necesitamos engendrar líderes con pensamiento crítico y propositivo que piensen en el mejoramiento social tomando como herramienta principal la educación; pero para lograrlo, primero corresponde rescatarla de la indigencia financiera y estructural en que se encuentra.

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