Tránsfugas y sacamicas


Por: CARLOS E. CAÑAR SARRIA –
carlosecanar@hotmail.com –

Trataremos de construir el perfil de los tránsfugas o voltearepas. Con los tranfuguistas, oportunistas, incoherentes nadie estará seguro nunca. Se ponen de moda en épocas preelectorales, electorales y en plenas campañas políticas. Para no quedarse sin poder le encienden al mismo tiempo una vela a Dios y otra al diablo. Son formales, afectivos, amigables mientras instrumentalizan a bobos e ingenuos. En tiempos normales o de de gloria son leales con los partidos y jefes, pero al llegar las dificultades son malagradecidos, ingratos y volubles. Desaparecen como por arte de magia. Viajan temprano en otros barcos hacia otros mares y se olvidan de amores y lealtades: “hoy por mí mañana también”. Prefieren no mirar atrás.

Carecen de pudor, de carácter famélico, nunca están dispuestos a morir con las botas puestas por una causa. Mucho menos por un partido. Mientras no se te presente la necesidad te ofrecen todo, oferta que dura hasta cuando te puedan sacar provecho y no te vean necesitado. Son egoístas a morir, sólo se buscan ellos mismos.
El sufrimiento de los demás, los malos ratos en humanidad ajena les importa un bledo. Posan de ‘humanos’, de ‘comprometidos’, y ‘eficaces’ pero todo es una farsa. Ansiosos en la adulación y en la mentira. Viven de la hipocresía. La entienden y materializan como virtud. Olvidan que entre desleales nadie estará seguro nunca. No les falta quien les brille los zapatos y en muchos casos a cambio de nada. Prometen y no cumplen. Corren y compiten en la pista de la demagogia.

Les encanta siempre que les digan lo que sus tiernos oídos quieren escuchar. Renuentes a la crítica y a la autocrítica. Esperan de los demás lealtades incondicionales, que no son capaces de corresponder. No saben de ética. Los principios y convicciones los venden al mejor postor Con el transfuguismo, con el tránsito de un ‘partido’ a otro, de un movimiento político a otro, de un jefe político de un bando a otro, acaban con lo que queda de partidos e ideologías. Dicen ser apologistas de la democracia la hacen trizas ajustándola a sus propias conveniencias. De noche se acuestan con un partido y amanecen con otro. De la noche a la mañana ponen a sus seguidores como ‘vacas locas’ que no saben para donde coger.

No hay mucha diferencia entre tránsfugas y sacamicas. El “perfil de los sacamicas” ya lo elaboró nuestro colega columnista Oscar Domínguez Giraldo en artículo del mismo título publicado hace varios años en El Tiempo (10.01.10) y del cual extraemos algunas tesis: “(…) con tal de ascender en la nómina, mejorar su ridículo currículo, son capaces de todas las genuflexiones. Pululan en época preelectoral…Estudian qué vagón político ofrece las mejores perspectivas. No tienen vocación de perdedores…Por dentro de sus almas espanta. Por fuera, también…De moral blandengue, se inclinan hacia donde soplan los mejores vientos. Nunca pierden, y si pierden, procuran arrebatar. A la hora del revés son los primeros en abandonar el barco, como ciertos roedores de fea catadura…Venden su alma al mejor postor. En esto son espléndidos impostores. Másteres en deslealtades, al estilo de Fouché, no consideran esa condición un detestable lapsus, sino exquisita virtud…El tranfuguismo es demasiado tentador para dejárselo a quienes le dieron rostro constitucional…Cargan maleta. No la suya, por supuesto. Prefieren andar ligeros de equipaje para ahorrar energías que necesitarán para movilizar la de sus mecenas…Si hay que dar bruscos giros, de 360 grados por ejemplo, se sienten en su elemento. Doblez obliga. Se voltean más que un desvelado. No les importa cambiar de sexo político a toda hora. Pondrían ese travestismo en su hoja de vida…Nunca miran a los ojos para que no los pillen con las manos en la masa…Adoptan como suya la ideología de quien les firma los cheques. Para mejorar en fidelidad, miran horas y horas a Nick, el centenario perrito de la Víctor. Hay que prosperar siempre en el oficio. Es parte de la estética del sacamicas…Celebran que la Rea Academia no les incluya aún en su diccionario. De esta forma se sienten anónimos, protegidos, inexistentes…Un diccionario de Caro y Cuervo los agarra como con pinzas, para no contaminarse, y los fulmina en cuatro palabras: “persona aduladora y servil”…Como sus colegas los lagartos o los arribistas, en la noche de elecciones el sacamicas es el primero en proclamar: “Triunfamos”. Si la victoria está en el otro campamento, calladito la boca, toma la avenida que conduce al nuevo César…”

Viviane Morales se retira de la campaña presidencial y salta al uribismo, a las toldas de Iván Duque. Del Partido Liberal ya había saltado a las filas de partidos religiosos. En verdad, de liberal nunca tuvo nada. Considerada acérrima contradictora del uribismo, cae por encanto a sus brazos, pensando equivocadamente que el próximo presidente será Duque. Ella es un claro ejemplo del perfil de tránsfuga y sacamicas.

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