Un ejemplo de la decadencia de nuestro centro histórico.

Por: Santiago Zambrano Simmonds –
zambrano_santiago@hotmail.com –

Hace aproximadamente cincuenta años la ciudad de Popayán tenía entre sus grandes dificultades el problema de salubridad que representaba tener la galería municipal a una cuadra del Parque Caldas debido a la cantidad de roedores que pululaban el área, poniendo en riesgo a la mayoría de la población de la ciudad que en ese entonces vivía en el Centro Histórico.

No inferiores al reto y así como sus padres habían construido con la planta de Tulcán “el primer acueducto moderno del país en 1928”; los popayanejos de hace cincuenta años concibieron el proyecto proporcionalmente más importante de renovación urbana: “El Centro Comercial Anarkos”, primero en su clase en el país para múltiples usos: comercio, oficinas, teatro, parqueadero subterráneo y vivienda, todo enmarcado y circunscrito por el más bonito de los centros históricos. En ese entonces Unicentro Bogotá y Cosmocentro Cali ni siquiera eran ideas.

Se construyeron aproximadamente 17.000 m2 en una manzana. Estructuralmente se concibió en cinco bloques independientes comunicados con una losa de entrepiso de primer nivel, que a su vez sirve de plazoleta del centro comercial. Una obra moderna para ese entonces, algunos la criticaron pues era descontextualizada respecto a la arquitectura de Popayán, otros por el contrario argumentaron que era una “modernización” del “estilo Popayán” pues era de “mucha piel” y mantenía el patio central como eje de la edificación.

Aproximadamente a partir de 1.972 los popayanejos pudieron disfrutar del gran cambio realizado en el centro de su ciudad. Los mejores almacenes, panaderías y restaurantes tuvieron asiento allí, cómodos parqueaderos subterráneos y un teatro lujoso de gran capacidad para el disfrute de toda la ciudadanía.

Pero la tenebrosa noche le llegó a Popayán, a sus sumisas nuevas generaciones y también al “Centro Comercial Anarkos”:

En 1.994 el alcalde del Municipio de Popayán en ese entonces propietario de la mayor parte del inmueble, vendió sin aparentemente ninguna licitación o con un solo proponente casi todo el parqueadero y el denominado “bloque restaurante”. Absurdamente con la venta del parqueadero se incluyeron también las “áreas comunes esenciales” como son la subestación eléctrica, el colector del alcantarillado y la cimentación para grandes luces que están debajo del teatro. Con la entrega de estos bienes, su nuevo propietario quedó como dueño de las servidumbres de los servicios públicos, con las implicaciones de señorío que eso tiene.

Después nuestros alcaldes en seguidilla, con años aproximados, hicieron lo siguiente: En 1995 se cambió el uso del suelo de algunos predios, se vendieron ocho (8) apartamentos para convertirlos hoy en aproximadamente 100 locales. En 2.002 vuelven a cambiar el uso del suelo de una parte del parqueadero para reubicar unos vendedores, y en 2.012 el propietario del parqueadero definitivamente lo cerró y el Municipio le otorgó el uso del suelo para poner más almacenes. A propósito, a los ciudadanos de hoy, mucho les hubiera servido el parqueadero planeado por los popayanejos de hace cincuenta años.

El efecto de tanta displicencia está a la vista de todos: Una edificación planeada para 195 unidades privadas hoy tiene más de 500, es decir un hacinamiento de establecimientos de comercio; el cambio del uso de suelo del “bloque residencial” a comercial, sin aparentemente el debido reforzamiento estructural; y un reglamento de copropiedad hecho añicos para una edificación no planeada para su uso actual. Para comparar es como si hoy en el “Centro Comercial Campanario” sus dueños decidieran, para atraer clientes, poner los calzones y la ropa que venden afuera de los locales, eso desluciría esa edificación, pues ese no fue el propósito de su gestor.

Entre tanto y con los años el Teatro Anarkos ha sido testigo de la apatía de los alcaldes y hoy su estado es lamentable. Dicen que lo quieren vender, esperemos que no, pues para una ciudad es triste que se cierren espacios para la cultura, además se debe recordar que dicho teatro está considerado como un “bien público de beneficio general” y de venderse, es deber de la alcaldía construir otro espacio de igual o mejores características.

Algunos popayanejos le solicitamos respetuosamente al actual Alcalde que fiel al eslogan de su administración, “cambie” la manera de manejar la “cosa pública” y recupere para la ciudad muchas cosas hechas por los de antaño. Creo que nadie se imagina que a una persona elegida con tanta opinión, un asunto tan simple como recuperar el Teatro Anarkos y sus alrededores le quede grande.

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