Un premio a la ciudadanía sexual


Por: JAIME BONILLA MEDINA –
jaboneme@hotmail.com –

En medio del cotorreo electoral no puede pasar desapercibida la noticia relacionada con el profesor bogotano Luis Miguel Bermúdez, escogido entre los 10 mejores educadores del mundo para The Global Teacher Prize-2018.

Es un premio por un millón de dólares, equivalente al Nobel en educación, entregado el próximo 12 de marzo al autor(a) de un programa innovador que haya tenido un impacto vivificante en el alumnado y en la comunidad.

Bermúdez, ganador del premio Compartir al mejor Maestro 2017, pertenece al Instituto Gerardo Paredes en la localidad de Suba-Bogotá, un colegio empotrado en una plaza de mercado donde se educan jóvenes de bajas condiciones socioeconómicas. Su idea nació al conocer la historia de un estudiante que, por las amistades femeninas, se ganó el apelativo de marica. En el desespero por combatir el matoneo, embarazó a una compañera. El profesor visibiliza la violencia de género y hostigamiento por la orientación sexual como medidas de control de la sociedad para mantener “la tendencia heterosexual”. Esta fue la inspiración para su tesis doctoral en educación: “La integración curricular de la ciudadanía sexual y el enfoque diferencial y de géneros” (2014). Pretendía implementar, desde su cátedra Religión y Ética, un plan de estudios que abarcara tres grandes tabús: 1-Necesidades e intereses de los educandos frente a los derechos humanos, sexuales y reproductivos. 2-Sociabilidad escolar y disminución, tanto del embarazo en adolescentes como de la violencia sexual y de género. 3-Discriminación de las orientaciones sexuales frente al género (la hija mujer conservadora de la virginidad, hacendosa, casera, con miras a “conseguir marido”; el hombre más libertino y lujurioso para demostrar no ser gay). En Colombia: una de cada tres adolescentes es madre antes de cumplir 19 años y cerca del 50% tienen bajo o ningún nivel educativo.

La metodología empleada se fundamenta en el aprender-haciendo, creando espacios críticos de análisis con dos ejes centrales: uno, la llamada reflexión-acción-participación basada en relatos de vivencias propias de los estudiantes, que facilitan el abordaje de diversos temas: machismo, patriarcado, heterosexismo como formas de violencia simbólica, por ejemplo. Así, una niña al referir acoso por usar minifalda, motiva una jornada reflexiva sobre el concepto de erotismo y el respeto mutuo. Y dos, la etnografía como herramienta investigativa con observación participante, encuestas y trabajo de campo incluyendo el hogar como espacio de práctica. Una experiencia destacada fue la tarea de conseguir un condón, por parte de los alumnos, con el objetivo de conocer los múltiples inconvenientes de tipo social, económico, cultural que surgieron para lograrlo, más aún cuando se cambió el concepto muy nuestro de barrera para enfermedades venéreas y embarazo, por la visión europea del preservativo como facilitador del placer sexual. Insultos, rechazo, comparaciones denigrantes recibieron los chicos(as) de sus padres, farmaceutas y hasta de médicos en las EPS.

El resultado fue llamativo: al inicio, de 8 niñas embarazadas en un salón o 70 en todo el colegio -por año- se redujo a cero en la actualidad.
De esta manera se creó, entre todos, un documento que sirve de referencia para la educación sexual, para crear conciencia colectiva sobre lo perjudicial de la maternidad temprana, de las diferentes formas de violencia escolar y de género, de la discriminación formativa en los hogares en aspectos de sexualidad; precisando que, el conocimiento escolar sobre sexualidad y género hace parte de una realidad palpable, urgida de intervención y transformación de acuerdo al entorno cultural.

A manera de colofón personal consideramos es un trabajo provechoso, pues comprueba que, un currículo puede concebirse, desde la narrativa de la experiencia particular a lo colectivo; los parámetros educativos no necesariamente deben ser importados, también lo autóctono es fuente de conocimiento para la estructuración de la ciudadanía sexual del menor; y que, en definitiva, la educación y la ciencia son pilares fundamentales para el progreso de los pueblos.

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