Una nueva constitución.


Por Hermes Ferney Ángel Palomino –

-La necesidad o no de una nueva Constitución es tema de debate ad portas de la firma del acuerdo que desmovilizaría a las FARC, pues una paz con justicia social depende del modelo económico y éste a su vez depende de la Constitución. No se puede hablar de paz cuando el modelo económico excluye del bienestar a una gran mayoría de la sociedad, es decir, atenta contra los más elementales derechos del pueblo, este sería el quid del asunto.
El acuerdo que posiblemente se firmará no implica la victoria de uno de los bandos, por tanto, las reglas de juego, tampoco pueden ser impuestas por ninguno de ellos. Al no existir una revolución triunfante no se puede esperar el cambio drástico del sistema socioeconómico, sin embargo, es absolutamente necesaria una nueva Constitución si el tema de la paz se desea tratar con seriedad. Ésta debería propiciar las condiciones que respondan a las necesidades del pueblo, vivienda, empleo, salud y educación, principalmente y tendría que ser concebida por todas las fuerzas vivas de la nación y refrendada a través de las urnas, sin embargo, podría darse el caso de que una nueva Carta Magna –por lo contrario- posibilite la conservación de los privilegios de ciertas élites, en detrimento del pueblo, este escenario sería posible si el uribismo -por ejemplo- se impusiera en las elecciones que elijan a los constituyentes y por tanto sus puntos de vista sean determinantes en la nueva Carta.
Existen opiniones de quienes manifiestan que no es necesaria una nueva Constitución, ya que la actual sería “garantista”, el problema –según afirman- es que no se aplica cabalmente, sin embargo, pienso que la actual constitución está diseñada para que la columna vertebral del sistema capitalista se mantenga erguida.
Si bien es cierto una revolución no se realiza a través de una negociación como la que se efectúa en La Habana, ésta sí debería –por lo menos- generar unos mejores espacios de participación democrática. Lo anterior significa que el camino que debemos desbrozar en aras de un nuevo sistema es bastante largo y enmarañado. Quienes somos partícipes de ese cambio debemos aceptar que ese escenario está todavía muy lejano y que la pugna política entre ambas vertientes ha quedado –por ahora- en continuará.
En conclusión, una nueva Constitución no garantiza un nuevo sistema pero si podría limpiar el camino que nos conduzca hacia él.

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