Una reflexión para los popayanejos.

Por: Santiago Zambrano Simmonds –
zambrano_santiago@hotmail.com –

Me ha gustado siempre la frase de “El Che”: “No importa donde se nace ni donde se muere, sino donde se lucha”

En 2.005 el DANE afirmó que el 41% de la población de Popayán nació en otro municipio o en otro país, el Ministerio de Trabajo en un estudio sobre el diagnóstico del mercado del trabajo avala la cifra que entre 2.005 y 2.010, Popayán atrajo a 32.000 personas por desplazamiento forzado. Ahora bien si consideramos la población estimada de Popayán en la actualidad en aproximadamente 275.000 habitantes, quiere decir que el 11.6% es desplazada y si incluimos ésta última población, aproximadamente el 52.6% de los habitantes de Popayán no nacieron aquí. Reconozco que la conclusión es forzada desde la cientificidad pero suficiente para el propósito de ésta columna. Más aún, haciendo un poco de cuentas alegres podría uno afirmar que menos del 25% de la actual población de Popayán tiene sus cuatro abuelos nacidos en la ciudad.

Popayán es un espacio hoy compartido por mestizos, afros, mulatos, indígenas y blancos pero a pesar que hay muchos eventos del pasado y del presente que podrían servir para sentirnos orgullosos y reconocernos mutuamente, lo que hay es un fracturamiento profundo donde cada grupo humano vive de sus realidades pero también de sus fantasmas producto de prejuicios y en muchos casos azuzados por políticos inescrupulosos.

Quiero referirme a dos eventos de la Semana Santa que comprueban dicho fracturamiento:

1) La Procesión del Lunes Santo: Al llamarla “La Procesión del Pueblo” borró y atropelló de manera categórica lo mejor de más de 450 años de historia pues desde épocas remotas, incluso cuando no era bien visto, las procesiones de Popayán se han caracterizado a través de los siglos porque bajo las andas de los pasos se mezclan personas de todos los niveles sociales y de diferentes etnias. Ahora uno se pregunta ¿si las del lunes son del pueblo entonces las otras de quién son? ¿Dónde quedan más de 450 años de historia? Algunos con desprecio y rencor dijeron son de la “oligarquía” y la de la “rancia sociedad payanesa”, que gran equivocación cimentada en el odio y en las oídas.

Que absurdo que hayamos llegado a esto por sólo oír y no escucharnos. La forma como se hizo realidad dicha procesión, a la cual creo nadie se oponía, sólo se pedía hacer un trámite, conllevó a que se presentaran órdenes y contraordenes, lo cual para el futuro abrió una gran tronera, tanto qué invocando el “derecho a la igualdad”, si el próximo Sábado de Dolores o Domingo de Resurrección alguien quiere hacer por el recorrido procesional un carnaval en ofrenda al dios Dionisio y sus ménades tendrán que permitírsela.

Ahora bien cuando se fundó la Junta Permanente Pro- Semana Santa hace ochenta años tenía el propósito de mantener la tradición pero sobre todo defenderla como una expresión del pueblo SEGLAR de la ciudad. Si ese pueblo ha aumentado su deber es, en vez de enconcharse, buscar las estrategias para que la nueva gente se apropie. Por ejemplo entre otras cosas, que la Junta haga convenio con el Municipio para que en los meses previos a la Semana Santa se hagan charlas en los colegios no como manifestación religiosa sino cultural; también debe plantearse reducir las noches de carguío, para que más jóvenes puedan acceder a esa tradición; lo que si no se puede permitir es destruir lo construido y empezar a llamar cada noche con un rótulo discriminatorio.

2) Invasión a las Termales Agua Tibia: El periodo de Semana Santa es de los pocos momentos del año en el que Cauca es noticia nacional positiva por la cultura y el turismo, además éste era el primer año después de la dejación de las armas de las Farc. Lamentablemente fuimos noticia negativa pues lo sucedido allá, no es problema de un “rico”, es el desconocimiento del derecho a la propiedad privada y al ejercicio de la actividad económica. Aquí no existe el argumento que esas tierras fueron adquiridas matando indígenas o generando procesos de desplazamiento forzado como los recientemente vistos en todo el territorio colombiano. Aquí se trata de una familia que compró esas tierras hace más de sesenta años sin ningún tipo de coerción ni del comprador ni del vendedor de ese entonces. La pregunta después de ver las noticias es ¿Qué inversionista va querer poner su dinero en el Cauca y generar empleo? Lo que deduce el empresario es que el problema del Cauca tampoco eran las Farc sino que aquí hay un tema insoluto donde prima una mentalidad egoísta y pedigüeña.

Finalmente éstos hechos deben servir para que el payanés raizal ese 25% deje de pensar que está por encima del bien y del mal. Por el contrario deben reconocer que tienen un mayor compromiso con sus ancestros que hicieron de ésta ciudad la escogida para migrar ese 75% de la población actual. Y para lograr que su legado sea trascendente, deben luchar para ocupar las instancias de decisión en vez de continuar quejándose de un pasado que jamás volverá. Afortunadamente ellos por donde miren tienen ese lustre construido por los pobres y ricos de antes y de los cuales, todos los popayanejos nuevos y viejos nos deberíamos sentir inmensamente orgullosos. Esa es nuestra identidad.