Vacunas: motivo de muchas mentiras.

JAIME BONILLA MEDINA –
jaboneme@hotmail.com
– Las vacunas son consideradas uno de los descubrimientos más benéficos para la humanidad en toda su historia. Preocupante que esté tomando vuelo un movimiento oponente, riesgoso para la salud y vida de muchos niños y adultos en el mundo.
Desde que el médico británico Edward Jenner inventó el primer biológico (vacuna antiviruela) en 1796 y posteriores avances, dejan de morir cinco millones anuales de niños en el globo. A inicios del siglo XX la esperanza de vida promediaba los 60 años. Un bebé nacido ahora llegará a vivir 100 años gracias a la prevención de aproximadamente 25 padecimientos. Y se vislumbra prometedor futuro en Alzhéimer, ébola, zika, SIDA, paludismo y varios tipos de cáncer.
El progreso de las intrigas y mitos perdurables por supuestos efectos perjudiciales secundarios a su administración; las condiciones de atraso en educación y salubridad padecidas por las naciones pobres; más las guerras y migraciones humanas masivas, son las principales causas de la no vacunación en importantes núcleos infantiles. Debido a esto, resurgieron en pleno siglo XXI: el sarampión, la tosferina, la difteria y la meningitis, ya casi eliminadas.
La OMS advierte sobre algunas creencias falsas relacionadas con los biológicos. Ejemplos: son el origen del autismo, de otros trastornos graves y hasta de la muerte. La simultaneidad de dosis incrementa las complicaciones y agota el sistema inmune. Las enfermedades infantiles son inevitables. La buena higiene y saneamiento evitan el contagio. La mayoría de infecciones están casi erradicadas, por eso no es necesario protegerse. Es mejor adquirir defensas enfermándose, que por la aplicación. Contienen niveles tóxicos de mercurio.
En Colombia (2014), sucedió el caso particular del desprestigio de la vacuna contra el virus de papiloma humano (VIPH), preventiva del cáncer uterino, cuando en algunas poblaciones de la costa atlántica se presentaron desmayos sucesivos en colegialas, atribuibles a la inmunización. La OMS aclaró que se trató de un caso de histeria colectiva.
La aparición del movimiento mundial antivacunas tiene un origen turbio. Esta es la historia: el médico británico Andrew Wakefield publicó una investigación en 1998 en la revista The Lancet, donde aseguraba que había una conexión entre la administración del biológico triple víral, conocido como MMR (sarampión, paperas, rubeola), y 12 niños detectados con autismo; desencadenando el pánico inmediato en el Reino Unido, todo Europa, EEUU y el posterior rechazo a la vacunación pediátrica.
Averiguaciones del periodista Brian Deer develadas en The British Medical Journal, demostraron que se trataba de un estudio deshonesto y fraudulento. Wakefield había mentido al pretender, junto a su esposa, socios y gracias al terror difundido por el hallazgo, comercializar un reemplazante dudoso de la vacuna MMR; asimismo, un equipo diagnóstico de la ficticia enfermedad denominada enterocolitis autística. Se calculaba ganancias hasta por 33 millones de euros anuales, fuera de los ingresos por demandas judiciales a las casas productoras del biológico. La revista retiró el artículo y el Consejo Médico del Reino Unido prohibió a Wakefield ejercer la medicina en el país; pero desde entonces se ha ido popularizando el movimiento antivacunas por todo el mundo. De hecho, el presidente de los EEUU, Donald Trump, ha mencionado tal artículo para argumentar que no son obligatorias en los menores.
Aquí cabe la parodia del viejo dicho de las habas, mencionada por un amigo pastuso: “En todas partes se pelan cuyes”.
Nota: cuando al Dr Jeener le ofrecieron trasladarse a Londres, declinó tal propuesta y escribió: “Mi pequeña fortuna es suficiente para satisfacer los deseos. En cuanto a la fama, ¿qué es la fama? Un peto dorado, siempre expuesto a las flechas de la maldad”.

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