Zapatero a tus zapatos.

CARLOS E. CAÑAR SARRIA –
carlosecanarr@hotmail.com –
Dentro de las cosas positivas que tiene el régimen político democrático está la libre crítica, el derecho a disentir, a la oposición; a hacer uso de la opinión pública, los cuales son factores de control social. Permiten tomarles el pulso a las administraciones gubernamentales, al tiempo que se mide el grado de gobernabilidad o de legitimidad de quienes detentan el poder.
Es posible que todos los juicios no sean justos y necesarios, pero que se dan se dan y esto debe respetarse. Estar de acuerdo con todo lo que hacen o dejan de hacer los gobernantes es imposible, siempre habrá simpatizantes y detractores. El asunto es que la libre crítica debe hacerse con el mayor grado de objetividad y por supuesto, de responsabilidad. No se trata de despotricar de los gobernantes simplemente porque no nos simpatizan, se trata de que tanto la ciudadanía como la opinión pública se concienticen de la defensa del bien público, sin lo cual no puede existir una democracia verdadera.
No faltan los defensores de oficio que aparecen donde nunca los han llamado, a fungir de apologistas de los mandatarios, mientras con falacias pretenden subestimar críticas que en muchas ocasiones resultan ser legítimas.
Gobernar es resolver problemas y desde luego, no se trata de una actividad fácil, lo mismo que no es nada fácil tener contento a todo el mundo; algo que deben tener en cuenta tanto gobernantes como gobernados.
Argumentar por ejemplo, que en lugar de criticar a los gobernantes, quienes critican deben dedicarse a hacer algo por la ciudad o por la región, no es más que un despropósito. Exento de toda lógica. En primer lugar porque la ciudadanía no tiene el poder de decisión y acción, ni mucho menos cuenta con los medios pertinentes para resolver las problemáticas, lo cual le corresponde a quienes revestidos de poder les corresponde realmente pero no lo hacen. Zapatero a tus zapatos. Ni más faltaba que quienes critican, opinan en los medios y en las redes sociales, tengan que hacer las tareas y ejercer las funciones que a los gobernantes les corresponde.
¿Acaso será poco, ajustarnos a un comportamiento ciudadano decente y comprometido con el bien público, pagar impuestos y cumplir con las diferentes tareas que como habitantes y ciudadanos nos competen? Las administraciones gubernamentales son las que deben resolver los problemas porque para ello fueron elegidas. Por eso todas sus decisiones y acciones deben ir encaminadas al despeje de las expectativas y necesidades de la población. Ni más faltaba, que se le conteste a un ciudadano ante una reclamación legítima, que se dediquen a hacer obras por la ciudad o por la región antes que estar criticando a los mandatarios de turno.
Así como las críticas injustificadas resultan odiosas, lo mismo sucede con los apologistas “gratuitos” de los gobernantes de turno, porque a leguas se olfatea que es pura lambonería y que no están dando puntada sin dedal, así en muchas ocasiones no les suene la flauta. Alá ellos.
Siempre ha sido motivo de preocupación para los estudiosos de la cultura política colombiana, la enorme dificultar para construirnos y consolidarnos como sociedad civil. Tan necesaria pero tan esquiva en una democracia en construcción como la nuestra. Cuando la gente, de manera respetuosa, pacífica, responsable y organizada, expresa sus inconformidades y hace las reclamaciones legítimas a los gobernantes, estos pronunciamientos en lugar de ser descalificados, debieran valorarse positivamente, por ser indicios de sociedad civil sin la cual no se pueden dar los cambios que las comunidades necesitan.
La construcción de ciudadanía es una de las prioridades de las localidades modernas. No se trata de la formación de seres domesticados y acríticos. Se trata de la formación de personas autónomas, con sentido crítico, responsables y comprometidas con el bien público.
Coletilla. Indistintamente si es función de Invias o de la administración municipal de Popayán, se debe desmontar ese laberinto de la muerte ubicado en el anillo vial, sector norte, a la entrada de Jardines de Paz, con esos postes verticales atravesados por todo lado. Ese adefesio, resulta un atentado a la vida por la confusión que produce en quienes lo transitan. Pensamos que es tarea del gobierno local, el cual está obligado a evitarle tragedias y sufrimientos a una ciudadanía que le corresponde proteger y ahorrarle tragedias y sufrimientos. Si es tarea de Invias, la administración municipal debe interceder de todas maneras. En las redes sociales han sido múltiples los pronunciamientos sobre este laberinto y que sepamos, no hemos escuchado un pronunciamiento del gobierno de Popayán.

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