CAMINANDO EL SUR DEL CAUCA.

Por: Walter Aldana Q.

Recorro nuevamente mi Sur amado, sus paisajes parecen una fotografía, nada cambia, la vía Panamericana y sus huecos. Recuerdo al líder Erlery Velasco, asesinado, según se cree, por exigir el mantenimiento de la vía y enfrentar la minería que está secando el rio Patía.

El bus lentamente recorre los kilómetros, la neblina del amanecer recuerda los días en que el abandono estatal y las necesidades básicas insatisfechas nos llevaron a habitarla. Fue en 1991, el país supo que no solo somos agua, páramos y montaña, sino hijos de un territorio que parió fríanos y calentanos, nunca tibios, hombres y lideresas constructores de procesos organizativos y propuestas de desarrollo.

Desayunamos en El Cefiro, antes de llegar a Rosas, lugar donde Adiel Ledezma, de la vereda Providencia, municipio de La Sierra, en el imponente Macizo Colombino, dio a conocer su composición musical más brillante: “La marcha del Macizo». Su música fue creada los fantasmas del Cerro de Lerma, Bolívar, y se convirtió en el himno de la esperanza y la rebeldía de la región.

Por la vía transitan hermanos venezolanos hacia Ecuador para emplearse en las pesqueras con la ilusión de llegar en tres días a su destino; grandes y chicos caminan de día a la espera de que algún camionero les dé un aventón; llevan a cuestas un equipaje de sueños, lograr un empleo y poder enviar remesas a sus familiares.

Este Sur con sus problemas de deslizamientos de tierra en Rosas cobrando víctimas; de demora institucional para dar soluciones habitacionales y de producción; las cabeceras municipales y corregimentales de La Sierra, La Vega, Almaguer, Bolívar sin planta de tratamiento, con acueductos deficientes en su cobertura y alcantarillados en mal estado, son la radiografía de los quince municipios del Macizo, de categoría 6, que tienen muy bajos ingresos y escasa capacidad administrativa.

Nos acercamos al municipio de Patía, con su capital El Bordo; este puerto seco condensa la problemática de la zona calentana del Sur: receptor de población migrante dedicados a cultivos de uso ilícito que, en conjunto con los habitantes nativos, fueron lanzados por anteriores gobiernos a buscar el sustento de sus familias en cultivos no convencionales, en el barequeo en el rio de la minería alrededor de las dragas.

En próximas columnas de opinión como esta plantearé alternativas de desarrollo; las he ayudado a construir desde lo social, nacen de mi caminar por el Macizo y Sur del Cauca, desde mi compromiso con la gente.